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Hakone: un baño en la historia

Custodiada por el monte Fuji, esta región respira serenidad gracias a sus aguas termales y a su vasta naturaleza. Relájate en la ciudad balneario japonesa.
E

l frenético ritmo de Tokio engancha, pero también puede resultar estresante. Como contrapunto a la gran ciudad, Hakone se muestra como un auténtico oasis. A una hora de la capital nipona, en la prefectura de Kanagawa, a esta región se puede llegar con el Japan Rail Pass. Lleva siendo destino de descanso y bienestar desde hace siglos, ya que era parada habitual en la ruta Tokaido, que unía Kioto con Edo (antigua Tokio). Y durante la dinastía Meiji (siglos XIX-XX), el emperador eligió esta zona para establecer su residencia de verano. Concretamente junto a la orilla del lago Ashi, con vistas al monte Fuji.

Se dice que las aguas termales de Hakone tienen unas 20 cualidades diferentes. Los ‘onsen’ –así es como se conoce a estos baños termales colectivos– son de origen volcánico y los hay por decenas en esta región del país, por lo que no hay excusa para encontrar un momento de desconexión. Para pasar la noche en Hakone, la alternativa más popular son los ‘ryokan’, alojamientos tradicionales que suelen incluir estos baños termales. Si solo se está de paso o el alojamiento no cuenta con este tipo de baños, se puede reservar en Tenzan, un espacio con varias piscinas naturales. Baños múltiples rodeados de árboles, restaurante, cafetería, áreas de tatami para descansar… Auténtico relax por unos 1.200 yenes por persona

Teleférico con el monte Fuji de fondo.
Para moverse por la zona también existe un Hakone Rail Pass.

Arte para todos los gustos

Un museo al aire libre con esculturas de Rodin, Milo o Brancusi (Open Air Museum), otro con obras europeas de los siglos XIX y XX y pinturas tradicionales japonesas (Museo de Arte POLA), y uno dedicado a ‘El Principito’ de Saint Exupéry. La oferta museística de Hakone es de lo más variada y completa una escapada más extensa por la región.

Miyanoshita, una de las siete ciudades termales de Hakone, se hizo popular en 1878 gracias a la inauguración del hotel Fujiya. Aquí se alojaron en busca de tranquilidad personajes tan dispares como el músico John Lennon, el cineasta Charles Chaplin o la escritora Helen Keller. El potencial de las aguas termales es tan importante en la zona, que hasta existe un parque temático dedicado a ellas. Se llama Hakone Kowakien Yunessun, y está permitido sumergirse tanto con bañador como sin él.

El ferrocarril de Hakone Tozan, combinado con el teleférico, es la mejor forma de conocer esta región de Japón. El primero termina su recorrido en Gora, donde se hace el cambio al teleférico para llegar a Owakudani, destino de referencia en la región. En Gora se debe visitar el jardín –el primero de estilo francés de todo el país– con cientos de flores y plantas, y una zona dedicada a la artesanía (cerámica y vidrio).

Huevos Kuro-tamago.
Los huevos se hierven primero en fuentes termales, y luego se cuecen a vapor.

Owakudani surgió en torno a un cráter, creado durante la última erupción del Monte Hakone hace 3.000 años. El terreno en esta zona se muestra mucho más activo, con piscinas burbujeantes y algunas emisiones de vapores sulfurosos. Una vez allí, hay una experiencia que nadie debe perderse: comer sus famosos huevos negros. Los kuro-tamago, que así se llaman, se hierven en aguas volcánicas. Al ser ricas en sulfuro, los huevos se tiñen de un color oscuro, y a pesar de lo que puede parecer, no son perjudiciales para la salud. Todo lo contrario, se dice que por cada huevo se ganan siete años de vida.

Torii en el lago Ashi.
Los ‘toriis’ son puertas que marcan la frontera entre espacios sagrados y profanos.

El viaje en teleférico se puede continuar desde Owakudani hasta Togenkai-ko. De aquí parten barcos –de estética pirata– para navegar por el lago Ashi. Una de las paradas es Hakodate-Machi-ko, donde se puede dar un paseo hasta el control del Shogunato Tokugawa –aquí se pedía la documentación del viajero para poder continuar la ruta Tokaido–. Aunque fue destruido durante la restauración Meiji, se reconstruyó en 1983.

Otro de los lugares de visita es el templo budista de Hakone, a la orilla del lago Ashi. Su primera localización fue el pico del monte Komagatake, pero se tuvo que trasladar en el siglo XVII para calmar la ira del dragón de nueve cabezas que vivía en el lago. El que persiste es una reconstrucción, pero su ‘torii’, puerta de entrada en la orilla del lago, es una de las ‘postales’ más típicas de todo Hakone.

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