>>>Grasse huele a rosas
Foto: jean_philippe.paris/Flickr

Grasse huele a rosas

Y a jazmín, y a lavanda y mimosas… La capital mundial del perfume se descubre mejor con el olfato, pero no decepcionará a ninguno de tus sentidos.
U

nas gotas de Chanel nº5” eran todo lo que Marylin Monroe se ponía para dormir. Una confesión que ayudó a agrandar la leyenda del perfume más exclusivo de la casa francesa. Pero el secreto de su éxito está lejos de la cama de la ‘tentación rubia’.

El perfumista Ernest Beaux fue el encargado de ejecutar los deseos de Coco Chanel: “Quiero un perfume de mujer, con aroma de mujer”. Para conseguirlo, puso rumbo a Grasse, la tierra prometida de los perfumistas.

Exposición de utensilios para hacer perfume
El ‘savoir faire’ de la los perfumistas de Grasse podría entrar en la lista de Patrimonio Inmaterial de la UNESCO en 2017.
Foto: CucombreLibre via Visual Hunt

Flores de alta costura

La fórmula del Chanel nº5 apenas ha cambiado desde su lanzamiento en 1921. Su secreto está en la materia prima. En 1987 decidieron establecer una relación más cercana con sus proveedores de Grasse y se aliaron con la familia Mul, el mayor productor local de flores. Cinco de sus cosechas se reservan en exclusiva para Chanel.

En esta ciudad provenzal se concentra la mayor parte de la producción mundial de perfumes, aunque sus calles medievales y palacetes barrocos recuerden más a una villa que a un centro industrial. La explicación es histórica: es una tradición con más de tres siglos, y aunque algunas técnicas han cambiado, su ‘savoir-faire’ continúa siendo el mismo. Primero se especializaron en guantes perfumados, un truco para eliminar el desagradable olor a cuero que fascinó a los nobles, incluida Catalina de Médici. Pero a partir del siglo XVII se dedicaron por completo al arte de la perfumería. Más de 10.000 personas viven actualmente de este arte y alrededor de 60 fábricas mueven más de la mitad de la industria del perfume en Francia.

 

El aroma se escapa de las fábricas y llena los jardines donde se cultivan las flores que luego llenarán los frascos de diseño de grandes marcas como Chanel o Dior. El jazmín, la lavanda, la rosa de mayo, las mimosas… Una amplia variedad de flores que se cultiva en grandes cantidades, pues se necesitan cientos de kilos de pétalos para hacer un solo kilo de esencia. El microclima de Grasse, entre los Alpes Marítimos y el cercano mar Mediterráneo, hace posibles estas coloridas cosechas.

Recolección de rosas de mayo en Grasse
El ‘pijama’ de Marylin Monroe llevaba rosas y jazmín de Grasse.
Foto: Troskiller via Visualhunt

Los jardines del Museo Internacional de la Perfumería son una pequeña muestra del “paisaje olfativo” de la región. En sus dos hectáreas se encuentran desde las primeras plantas utilizadas para los perfumes del siglo XVI, como el naranjo salvaje o las lavandas, hasta la rosa centifolia, más pequeña pero más olorosa que la común. Dentro del museo se recoge la historia del perfume desde la Antigüedad hasta nuestros días.

Hombre recolectando rosas de mayo en Grasse
400 kilos de rosas hacen menos de un kilo de absoluto.
Foto: Troskiller via Visualhunt

No es el único edificio dedicado al arte de los olores. Fragonard, Molinard y Gallimard, tres de las fábricas históricas de la ciudad también abren sus puertas a los visitantes para que conozcan los talleres y laboratorios donde los alquimistas del perfume hacen magia. La primera rinde homenaje al hijo más ilustre de Grasse, Jean-Honoré Fragonard, pintor de estilo rococó del siglo XVIII, cuyos cuadros pueden verse en su casa-museo y en la catedral de Notre Dame du Puy. En esta última comparte espacio con tres Rubens originales.

El arte en su sentido más amplio sale al encuentro a cada paso. En las iglesias, en los jardines, en las fábricas de perfume y en los castillos cercanos, como el de la Colle Noire, que compró Christian Dior en 1951 y donde deseaba establecer “su verdadero hogar”. Cada cual con su esencia logran darle a este rincón de la Riviera Francesa una fragancia única.

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