>>>El gigante sagrado de México
Foto: Secretaría de Turismo de Querétaro

El gigante sagrado de México

La Peña de Bernal siempre ha atraído las miradas, desde los dinosaurios que lo padecieron como volcán, hasta los indígenas y conquistadores españoles que lo utilizaron como fortaleza y lugar sagrado.
E

s inevitable mirarlo. Con 350 metros y cuatro millones de toneladas, se trata del tercer monolito más grande del mundo después del Peñón de Gibraltar (España) y el Pan de Azúcar (Brasil). Se calcula que este mastodonte mexicano tiene unos 10 millones de años de antigüedad, aunque algunos expertos sitúan su origen hace 65 millones, en el periodo jurásico. En lo que todos coinciden es en su pasado volcánico. Un iceberg de lava ardiente que se petrificó con el paso de los siglos.

La Peña de Bernal es considerada la protectora de la región de Tolimán para los pueblos otomí-chichimecas.
Foto: Secretaría de Turismo de Querétaro

Un centro histórico inagotable

Con cerca de nueve kilómetros de longitud, el acueducto de Querétaro, construido en el siglo XVII, es el símbolo de una ciudad que guarda algunas de las joyas más preciadas de la arquitectura colonial. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996.

El ex-volcán congelado es hoy es un centro místico, inscrito en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial por su estrecha relación con el pueblo indígena otomí-chichimeca. Cada equinoccio de primavera se llena de peregrinos que trepan la empinada roca para acariciar su aura y cargarse de energía. También es un desafío para escaladores que suben por sus perfiles afilados como narices de brujas. Pero, sobre todo, Bernal, que en árabe significa ‘roca en mitad de la nada’, es una joya del México desconocido que ha permanecido al margen del turismo masivo.

Para llegar hay que pasar por Querétaro, la deliciosa ciudad colonial de casas mostaza y cobre, y adentrarse en la Sierra Gorda. Justo al comienzo, a unos 50 kilómetros de la capital del estado, se encuentra la villa de San Sebastián Bernal, el pueblo que creció a los pies del monolito de lava.

La villa fue fundada en 1642 por los españoles. Se le otorgó la categoría de Pueblo Mágico en el año 2006.
Foto: Shutterstock.com/ Barna Tanko

Protector de un pueblo mágico

Ubicado en la ruta de los tesoros coloniales de México, Bernal nació como un fortín español protegido por la peña. Desde allí se avanzó en la conquista de varios pueblos indígenas denominados chichimecas, de los cuales se conserva el misticismo y el color que inunda sus calles, iglesias y artesanías.

Existen varias rutas para subir a la cima de la peña. La Ferrata es la más fácil, aunque en los últimos metros la subida es casi vertical y se necesitan hierros para escalarla.
Foto: iivangm via Foter.com / CC BY

Con escasos 4.000 habitantes, Bernal parece pequeño, pero su trazado laberíntico esconde sorpresas arquitectónicas como un castillo del siglo XVII o la Capilla de las Ánimas, dedicada a las almas que deambulan por la sierra. En sus casonas sembradas de flores se pueden ver telares centenarios como La Aurora, donde algunas familias todavía elaboran tapetes o mantas de forma artesanal. Y mientras se camina por sus calles empedradas, brota el olor a maíz quebrado con el que se elaboran las famosas gorditas, unas tortillas pequeñas y redondas rellenas de judías, chicharrón, queso o nopal (un tipo de cactus).

También han surgido hoteles boutique como Casa Mateo, una centenaria construcción de piedra con piscina al aire libre desde la que se puede ver el monolito en todo su esplendor, como si fuera una terma de Pompeya con vistas al Vesubio. El pueblo tiene además un peculiar museo dedicado a las máscaras, desde las que se utilizan en carnavales hasta las típicas del Día de muertos. Bernal no sólo forma parte de la red de pueblos mágicos de México sino que está en en el corazón de un territorio sagrado. Y como hace cientos de años, el peñón sigue siendo su protector.

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