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Genipabu: un espectáculo irrepetible

Puedes ir todas las veces que quieras pero nunca será lo mismo…porque las dunas de este oasis cambian cada día con el viento. ¡Un motivo más para volver!
Deja que te las presentemos. Te situamos: estamos en Brasil, la tierra de la caipiriña, el Carnaval y los bikinis minúsculos. Y aunque en sus playas no falta la arena, aquí hablamos de cantidades ingentes. En el litoral norte se encuentra el Parque Turístico Ecológico Dunas de Genipabu. Dicho así, no suena especialmente atractivo, pero te garantizamos que es lo más cercano que encontrarás a una montaña rusa de arena. O mejor dicho, a varias montañas rusas de arena, porque las dunas son móviles y el viento las moldea a su antojo para que nunca te aburras del recorrido.

Genipabu o Jenipabu

Según la Academia Brasileña de las Letras, debería escribirse con “j”, pues deriva de “jenipa-bu”, una palabra indígena que significa “comer jenipapo”. Aún así, locales y medios de comunicación utilizan “Genipabu” que es el nombre con el que se inscribió la ciudad.

Lo más divertido es surcar sus 1.172 hectáreas (ya te hemos avisado de que había mucha arena) en ‘buggy’, en un tour que puedes contratar con varias empresas o en tu propio hotel. Antes de arrancar, el ‘bugueiro’ te preguntará si quieres vivir tu viaje “com ou sem emoção” (con o sin emoción). Elijas lo que elijas, disfrutarás del paisaje desértico aunque, claro está, si eliges la opción “con emoción” vivirás una jornada de adrenalina sobre cuatro ruedas. O sobre ninguna, porque las acrobacias del conductor harán que vueles entre las dunas debido a los cambios de rasante y su nada despreciable altura, de hasta 30 metros.
Agárrate bien porque en el salvaje recorrido daréis saltos verticales de casi 90 grados, y, aunque al día siguiente te acuerdes de todos los golpes que te has dado con el asiento, estamos seguros de que habrá merecido la pena y estarás deseando repetir esta experiencia…irrepetible, porque las dunas habrán cambiado de sitio. Para tu seguridad, recuerda que el vehículo debe estar acreditado por Setur, organismo oficial encargado de esta actividad en el estado.

“Carnatal, te quiero”

Natal, la ciudad donde se ubican las dunas, tiene el cuarto mayor carnaval de Brasil. Lo celebran fuera de temporada, generalmente el primer fin de semana de diciembre, pero aún así llegan a reunir a un millón de personas bailando al son brasileiro. No faltan ni ‘tríos eléctricos’ ni bailes.

Entre las inmensas dunas de arena blanca surge una laguna rodeada de exuberante vegetación y es que en todo desierto que se precie, no puede faltar un oasis. La laguna de Genipabu es un lugar ideal para hacer un paréntesis entre salto y salto, y darse un chapuzón. Antiguamente, esta experiencia incluía el ‘skibunda’, que consistía en utilizar una tabla de madera como trineo para descender a la laguna, pero fue prohibido para la preservación del lugar. Como de adrenalina vamos sobrados, continuaremos nuestro viaje en ‘buggy’. Aunque este vehículo no es la única manera de disfrutar de las dunas móviles. No es tan rápido ni saltarín, pero sí digno de una auténtica estampa del desierto: un paseo en dromedario, al más puro estilo Lawrence de Arabia.
Foto: kohlhoff
Muchos de los tours incluyen además otras paradas, como la Laguna de Jacumã, en la que iniciarte en la práctica del ‘aerobunda’, (tirolina que desciende para terminar cayendo al agua) y la Laguna de Pitangui, ideal para comer al fresquito, porque las mesas de los bares están en la propia orilla y tendrás los pies a remojo.

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