>>>Fogo Island: del bacalao al arte
Foto: Alex Fradkin

Fogo Island: del bacalao al arte

En los noventa, Fogo Island vivía de la pesca. Atacada por la crisis, está pequeña isla canadiense se reconvirtió en un retiro de inspiración para artistas.
A
lejarse del estrés urbano para encontrarse a uno mismo en un refugio ignoto, entre pasillos de icebergs y acantilados. Hay personas, escribía Henry David Thoreau, “que pescan a mosca toda su vida sin saber que en realidad no son peces lo que persiguen”. Es la sensación del viajero que llega a Fogo Island, en la costa de Terranova, Canadá. Los vecinos de la isla –148 kilómetros cuadrados donde conviven once asentamientos de menos de 3.000 habitantes– han lanzado redes toda la vida, pero ahora, el sustento les llega lejos de los peces.
El mobiliario se sustenta en los artesanos del pueblo, aunque a veces están inspirados en artistas internacionales.
Foto: Alex Fradkin

Artistas destacados

Yotaro Niwa, beca del Departamento de Arte y Cultura japonesa; Hannah Rickards, que recibió el Max Mara Art; Erika Balsom, docente de Estudios de Cine en el Kings College; el violinista George Van Sam; el fotógrafo Edgar Leciejewski, o el pintor Geoff Butler son algunos participantes en las residencias.

Estuvieron casi incomunicados durante décadas. La estación inalámbrica de Marconi fue el único modo de contactar con el exterior. Este espacio puede visitarse para entender su pasado. Igual sucede con Bleak House, construida en 1816. Hoy convertida en museo, perteneció a la familia Slade, los comerciantes de pescado más poderosos de Fogo Island en el siglo XIX.
Los vecinos de la isla son quienes hacen de guías para los visitantes. Concentrados frente al Atlántico, sobre un yacimiento de costa rocosa, han abandonado la pesca para vivir de la cultura y del turismo. Y el proyecto Fogo Island Arts, ideado por la Fundación Shorefast, lo hace posible. En 2003, cuando la crisis devastaba, surgió esta entidad que funciona como motor de mejora de las condiciones sociales, culturales y económicas. Para ello crearon un programa de residencias artísticas –unas quince al año, de entre uno y tres meses– y cuatro estudios de trabajo. Fogo Island es ahora un lugar habitado por cineastas, escritores, músicos y diseñadores.
Tower Studio, en Shoal Bay, es uno de los estudios diseñados para el trabajo de los artistas.
Foto: Alex Fradkin

Filosofar sobre la vida

En Fogo Island se realizan exposiciones sobre creaciones internacionales. Se elaboran publicaciones para acompañar a las muestras. Se filman películas. Se convocan diálogos en los que participan críticos y artistas, que debaten temas como la supervivencia cultural. Y se festeja, en agosto, el Brimstone Head Folk Festival, que fomenta la música y danzas locales.

Zita Cobb, cofundadora de Shorefast, nació en este pueblo, del que se marchó para formarse en finanzas. A su regreso, apostó por acercar la cultura a Fogo Island. De la venta del pescado a la de cuadros. Del geoturismo clásico a la recuperación económica sin perder las raíces. Su emblema es el hotel Fogo Island Inn, con 29 habitaciones, sala de conferencias, biblioteca, galería y cine. “Es una joya arquitectónica que abarca todas las maravillas de la isla. Cuenta nuestra historia; la de este lugar y la de su gente”, explica Cobb. Es un espacio de lujo –cuatro pisos, cinco estrellas– que actúa de sustento de casi todas las familias del pueblo.
El arquitecto del hotel y de los estudios es Todd Saunders. Aboga por la sostenibilidad: las doscientas colchas de las habitaciones fueron cosidas a mano por las mujeres de la isla y los muebles, también hechos a mano por artesanos locales. Tampoco olvidan la inspiración en la naturaleza. Desde las ventanas acristaladas del hotel se contemplan (con prismáticos) las ballenas.
Además del hotel, la isla tiene una colección de barcos de madera, paneles solares y coches eléctricos.
Foto: Alex Fradkin
En las inmediaciones hay otras posibilidades de alojamiento, como Landwash Lodging, una casita a pie de playa heredada a través de generaciones. Las comidas pueden hacerse en Nicole’s Cafe. Sabe a mar –especialmente a bacalao– y aúna tradición y gastronomía moderna. Fogo Island sigue siendo pueblo de pescadores, aunque ahora se dedique al arte. Sus vecinos saben que ya no son peces lo que persiguen, sino la supervivencia. La misma que antaño les dio el mar, hoy se la da la cultura.

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