>>>Érase una vez… Sintra

Érase una vez… Sintra

Palacios, laberintos, castillos de colores y jardines cubiertos de niebla. A media hora de Lisboa se encuentra Sintra, una villa mágica y somnolienta, como recién salida de un cuento.
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eyes, millonarios extravagantes, monjes y poetas con espíritu dandi. Todos ellos forman parte de la villa más romántica de Portugal, sumergida entre capas de historia y espesos bosques. Los habitantes de Sintra tienen fama de creerse muy importantes. Y les sobran razones. Cada palmo está protegido por la Unesco y ha sido declarada en su totalidad patrimonio cultural. Serpenteantes y empinadas calles que llevan de un jardín a otro y acantilados que caen hasta el Atlántico se dan cita en una de las ciudades más misteriosas y estrambóticas de Portugal.

Sus colinas son la primera elevación con la que tropiezan las humedades del Atlántico cuando tocan tierra, de ahí su niebla constante y particular microclima. Fue justo este clima, con temperaturas muy suaves en verano, y su cercanía con Lisboa, lo que hizo que la corte y nobleza portuguesa lo eligieran como destino vacacional e instalaran aquí sus residencias y palacios durante el siglo XIX. Con el romanticismo en su plenitud, se desató la locura por los estilos medievales, lo recargado y lo exótico. El aura de Sintra atrajo también a jóvenes artistas adinerados que recorrían Europa y se convirtió en refugio de escritores como Hans Christian Andersen o el poeta Lord Byron, que describió la ciudad como “glorioso edén”.

Muralla Castelo dos Mouros
Desde el Castelo Dos Mouros se contempla la villa y la sierra de Sintra, y al fondo el océano Atlántico.
Foto: To Uncertainty And Beyond/ VisualHunt.com

La explosión del Atlántico

No todo son castillos en Sintra. La naturaleza reclama su protagonismo cuando las olas se estrellan en los acantilados de 100 metros del Parque Natural Sintra-Cascais. A él pertenece Praia Grande, la playa más extensa del litoral, donde se puede practicar surf y encontrar huellas de dinosaurios.

Del pico más alto de la sierra de Sintra, custodiando todo el valle, nace el espectacular y colorido Palacio da Pena, máximo exponente de la extravagancia de la ciudad. Este edificio fue construido como residencia de verano por Fernando II, el ‘rey artista’, a mediados del siglo XIX, incorporando un convento del siglo XVI. Su mezcla de estilos es un ‘revival’ histórico con influencias del gótico, el manuelino, el islámico y la arquitectura renacentista. Además, cada estilo está diferenciado con un color: morado, burdeos y mostaza, lo que recuerda a un castillo Disney en versión psicodélica.

 

Desde la muralla del Castelo dos Mouros, construido por los árabes entre el siglo VIII y IX como enclave defensivo, se contemplan los eclécticos edificios que van descendiendo por la sierra hasta llegar al centro de la ciudad. Allí sobresalen entre el resto de tejados las chimeneas blancas del Palacio Nacional de Sintra, dos enormes conos gemelos de 33 metros de altura que coronan esta milenaria construcción que se remonta al siglo XI. Al palacio se le fueron añadieron nuevos cuerpos arquitectónicos con los diferentes reinados y conserva su actual aspecto desde el siglo XVI. De su interior destacan los revestimientos con motivos geométricos de una de las mejores colecciones de azulejos mudéjares del mundo.

Próximo al centro de Sintra se encuentra el Palacio de Monserrate, uno de los mejores ejemplos de arquitectura romántica junto con el Palacio da Pena. Sus decorados exóticos y decadentes con influencias góticas, indias y mudéjares inspiraron a Lord Byron, durante su estancia en la finca en 1809, para escribir su poema ‘Las peregrinaciones de Childe Harold’. En su jardin, uno de los más interesantes de Portugal, conviven yucas de México con helechos gigantes de Nueva Zelanda y bambú de Japón. Más de 3.500 especies botánicas traídas de todo el mundo a mediados del siglo XIX por su acaudalado propietario, el inglés Francis Cook.

 

Pozo iniciático Quinta da Regaleira
El ‘pozo iniciático’ tiene 27 metros de profundidad.

El recuerdo del esplendor y exceso de la corte del siglo XVIII se traslada hasta el Palacio Nacional de Queluz. Este ‘Versalles portugués’ fue escenario de las míticas fiestas que la familia real organizaba en los jardines en su época más feliz: fuegos artificiales, arquitectura efímera, juegos ecuestres y corridas de toros formaban parte de la diversión.

Uno de los rincones más impactantes de Sintra es la Quinta da Regaleira, una mansión neogótica diseñada por el arquitecto italiano Luigi Manini. La fantasía y el misterio se adueñan de este lugar plagado de símbolos y acertijos relacionados con la alquimia, la masonería y los templarios. Entre lagos, grutas, cascadas, puertas falsas y túneles secretos destaca el ‘pozo iniciático’, conocido por su forma de torre invertida, a la que se desciende por una escalera de caracol inspirada en ‘La Divina Comedia’.

Antes de reposar la imaginación de tanta fantasía, es imprescindible subirse a un coche de caballos y teminar recorriendo las calles empedradas de Sintra. Es lo más cerca de la realeza que podemos estar los simples mortales.

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