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En busca del templo tranquilo

En Bangkok, la ciudad solo descansa en el interior de sus santuarios, donde los monjes se levantan en mitad de la noche para rezar antes de que lleguen los turistas.
“La paz viene de dentro, no la busques fuera”. La frase de Buda es perfecta para Bangkok, la capital de Tailandia. Frente al ajetreo de sus días, de sus mercados, de sus habitantes, y a la ebullición de sus noches y sus neones, solo dentro de los templos, los ‘wats’, puede encontrarse algo de tranquilidad en una ciudad que vive intensamente las 24 horas del día. Los templos budistas son otra historia: ni siquiera la visita de los turistas los saca de su propio compás. La mayoría empiezan el día temprano, a las cuatro de la mañana, pero no abren al público hasta las ocho.
Los pies del Buda Reclinado miden más de 3 metros

Al cielo en tren

Solo en Bangkok hay más de un millar de templos diferentes. Pocas ciudades del mundo tiene un skyline como este, de santuarios, rascacielos y lujosos palacios. O un modernísimo tren elevado, el Skytrain, con el que acudir a rendir tributo a los dioses.

El Wat Pho es un templo indispensable en cualquier ruta por Tailandia. Un Buda reclinado de 15 metros de altura y 46 de largo ocupa la mayor parte del edificio. La figura, construida con yeso dorado y ladrillos, y recubierta de una fina capa de pan de oro, es el Buda reclinado más grande de Tailandia.
Sólo sus pies miden tres metros de alto y más de cuatro de ancho. Un tamaño colosal para un Buda que, al contrario de lo que dice su posición relajada, no descansa, sino que se encuentra en la postura que representa su paso al Nirvana. Aquí se fundó, además, en 1782 la primera escuela oficial de masaje tradicional terapéutico, que hoy puede disfrutarse en los locales que los ofrecen en el barrio de Rattanakosin, muy cerca del Palacio Real.
Wat Traimit, en el barrio chino de Bangkok
Muchos Budas, como el Reclinado, están cubiertos de pan de oro, pero el que domina en Wat Traimit es de cinco toneladas de oro macizo. Se construyó en la antigua capital de Tailandia, Ayutthaya, en el siglo XIII. Años más tarde, recubrieron la estatua con estuco para protegerla de los ladrones que asediaban la ciudad, y quedó olvidada. Pasó más de 20 años a la intemperie después de que derribaran el templo al que fue trasladado, hasta que en 1955, un fallo de la grúa en otro traslado rompió el estuco mostrando el secreto que guardaba en su interior. Ahora se encuentra en en un austero templo en el barrio de Chinatown.
Wat Benchamabophit, el templo de mármol
Foto: chompunoi
Wat Traimit no es el único templo con secretos. También Wat Benchamabophit, conocido como el ‘templo de mármol’, los tiene. Situado en las inmediaciones del parque Dusit, fue un capricho del rey Rama V, cuyas cenizas descansan en su interior, y fue construido con mármol blanco de Carrara, traído directamente de Italia. Eso le da al templo ese exterior de apariencia delicada que le permite ser considerado uno de los más bellos de Tailandia. A primera hora es cuando aun puede escucharse a los propios monjes del templo rezando allí. Ellos saben, como decía su maestro, que la paz viene de dentro. Ya hace tiempo que dejaron de buscarla fuera.

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