>>>El templo perdido de Ta Prohm

El templo perdido de Ta Prohm

Durante siglos pareció que se lo había tragado la tierra. Cuando fue redescubierto por el hombre, el templo más fascinante de Angkor asombró a sus descubridores.
N
o es la grandeza arquitectónica de sus docenas de torres. Tampoco la proeza de ingeniería que supuso levantarlo en 1186. Ni siquiera cómo era la vida entonces allí, con miles de personas pululando en torno a él. La culpa de su fascinación es de la jungla. De la selva que lo ha invadido, que lo ha conquistado, que brota mágica y poderosa entre sus ruinas para convertirlo en el templo más impactante del yacimiento arqueológico de Angkor, en Camboya. Ta Prohm es algo único. Algo salvaje.
Pequeño altar en el interior de Ta Prohm
Foto: De Visu /Shutterstock.com
El templo, que en su día formó parte de la capital del Imperio Jemer, asoma tímidamente entre enormes raíces de árboles centenarios. La vegetación se abraza a sus estatuas y se incrusta en sus fachadas, como si tratara de hacerlas desaparecer, de engullirlas. Y no sería la primera vez que lo consigue. Con la caída del Imperio Jemer en el siglo XV, los templos fueron abandonados y olvidados. 400 años más tarde, los exploradores europeos los descubrieron.
 
Los árboles han cubierto casi por completo las ruinas
Foto: goikmitl
El aspecto que tiene ahora es muy similar al del día en que lo encontraron, ya que se decidió dejar Ta Prohm tal y como estaba. El motivo fue mostrar el poder de la naturaleza sobre el hombre. Y su fotogenia también. En Ta Prohm los únicos cambios que se han hecho han sido para evitar que se derrumbara. Esto permite que sus visitantes puedan sentir hoy ese cosquilleo de la aventura que vivieron en su día los exploradores franceses que lo encontraron. Que puedan caminaro por senderos estrechos mientras las copas de los árboles eclispan el sol y la humedad de la selva lo envuelve todo.
El templo está dedicado a la madre del rey Jayavarman VII
Antes de su declive, Ta Prohm era un importante monasterio y universidad budista. Fue construido por el rey Jayavarman VII en honor a su madre, cuya imagen utilizó como modelo para la estatua principal del templo, Prajñaparamita, símbolo de la sabiduría. Una inscripción en sánscrito nos da una idea de su importancia: cerca de 80.000 personas se ocupaban de su mantenimiento, y guardaba más de 500 kilos de oro, 35 diamantes y varios miles de piedras preciosas en su interior. La riqueza del templo se intuye también por su tamaño: con sus 39 torres, es uno de los más grandes del complejo de Angkor.
Para revivir su pasado de gloria, ahora es necesario abrirse paso entre ramas y raíces y caminar por la larga cadena de edificios conectados por oscuros pasadizos. La naturaleza lo ha convertido en un laberinto que obliga al viajero a acudir con un buen plano o un guía que se conozca el camino. Porque la emoción del viaje, como sabían los franceses que llegaron a Ta Prohm, está también en poder volver para contarlo.

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