>>>El lado más salvaje de Cuba
Foto: Tupungato/ Shutterstock

El lado más salvaje de Cuba

Existe vida lejos de la Habana y su malecón. Es la Cuba oriental de Bahía de Taco y Baracao, que invita a perderse entre el verde y el azul.
T
odo está dicho ya, pero las cosas que son sinceras son nuevas”. Con ese afán de sorprenderse hablaba uno de los cubanos más ilustres, José Martí. Si piensas que Cuba no puede sorprenderte, haz caso al autor de ‘Versos libres’ y recorre la isla con ojos neófitos. Existe una Cuba que huye de los nombres conocidos de la Habana y del malecón; una Cuba de cadenas montañesas, cascadas, kilómetros de río y un paraje en el que los niveles de biodiversidad y endemismo son los mayores de las Antillas. Es la Cuba oriental, la de Baracoa, que fue, cuando solo una carretera la comunicaba con el resto del país, primera capital de la isla.
Primera expedición, en noviembre de 1979, en Moa, del Grupo Humboltd del ISMM.
Foto: Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa

Un oasis en Farallones de Moa

Orquídeas y helechos, el carpintero real, un oasis de mármoles blancos y rosados que forma un dique natural al río Moa. Es la sierra Farallones de Moa, monumento nacional natural de Cuba. También recomendable es el Yunque de Baracoa, meseta cuya cima asciende a 575 metros.

En el este de Cuba aguarda el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, área protegida y Patrimonio de la Humanidad. Se sitúa al noroeste de Guantánamo, dentro de la reserva de la biosfera Cuchillas del Toa. Más de 700 kilómetros cuadrados con 1.200 especies de animales y un millar de plantas. “Uno de los ecosistemas tropicales con mayor diversidad biológica en un entorno de la Tierra”, según la UNESCO. La habitan la cotorra y el catey, amenazados de extinción; el carpintero real, el gavilán y el alminiquí; amén de mamíferos como la rata negra y el puerco salvaje.
Los senderos ecoturísticos que parten del parque atraviesan Las Cabezas de Jiguaní, por donde surca el río homónimo, cascadas y bosques tropicales. Desde el mirador de la Loma del muro puede observarse el río, pero para alcanzar la máxima altura hay que ascender hasta el pico y la meseta del Toldo. El río más caudaloso de Cuba, el Toa, puede cruzarse en cayuca. Una experiencia de mimetismo con la naturaleza.
El yunque de Baracoa es una formación sobre piedras, a la que se puede ascender por un sendero de doce kilómetros con cacaotales.
Foto: Paul D Smith / Shutterstock
El paraíso definitivo donde ‘asalvajarse’ es la Bahía de Taco. La sensación de descansar en playas casi inhabitadas harán que merezca la pena este viaje. Palmas, helechos, plantas de piña, árboles de cacao y manglares como entorno natural. Transita las aguas de la bahía –puede hacerse un recorrido de dos kilómetros en bote– el mamífero herbívoro marino más característico de Cuba, el manatí.
Villa de Gibara es también la sede del Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solás, que se celebra desde 2003.
Alejadas del turismo, aunque cada vez menos, se encuentran la playa de Villa Maguana, mezcla de placidez y trópico, y Las Tunas. Lugares de la bahía por los que, aunque también pasó la revolución cubana y la marabunta del turismo, se conservan los verdes y azules originales, aires de tesoros escondidos por piratas.
A modo de transición, antes de volver a la Cuba conocida, conviene pasearse por Baracoa, de colores vivos y viejos edificios levantados a la vera del malecón. Contemplar desde ahí el mar es un ejercicio de tranquilidad necesario. Y si es con un plato de arroz y frijoles y una lechita –leche de coco, tomate, ajo y especias– sobre pescado del río, es el éxtasis.

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