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El jardín de Sudáfrica

“Lo que llamamos una rosa por cualquier otro nombre olería igual de dulce”, escribió Shakespeare. Lo que en Sudáfrica llaman jardín huele a bosque y está poblado de ballenas.
E

l ‘road trip’ africano transcurre entre bosques encantados y senderos al borde de acantilados sobre playas salvajes. Se conoce como la Ruta Jardín, ‘Tuinroete’ en afrikaans, pero en su camino hay más elefantes que rosas. Atraviesa una estrecha franja costera entre el océano Índico y las montañas que aíslan el sur de Sudáfrica del desierto de Karoo. Un paseo al volante tallado en los acantilados y puentes colgantes sobre el mar permite apreciar su primitiva belleza.

Los 200 kilómetros de la carretera N2 que distan entre Mossel Bay y Storms River concentran la mayoría de los paisajes, aunque los viajeros contemplativos salen de Ciudad del Cabo y continúan durante 800 kilómetros hasta Port Elizabeth, destino playero entregado a los deportes acuáticos, donde acabar con los dedos arrugados del surf, la vela, el snorkel y el buceo.

Sendero por un bosque en Knysna, Sudáfrica
El bosque de Knysna está lleno de senderos y rutas para hacer caminando o en bicicleta.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

A lo largo de la ruta se pueden ver elefantes en su entorno natural tanto en Knysna Elephant Park como en Addo Elephant Park. Pero no solo de los ‘cinco grandes’ vive África. La costa sur de Sudáfrica es el hogar de pingüinos y delfines. También se pueden avistar ballenas francas australes entre julio y diciembre, sobre todo en Tsitsikamma.

La primavera (a partir de septiembre) es la mejor estación para recorrer la ruta. Tras las lluvias el ‘jardín’ luce en su todo su esplendor. Es cuando florecen en las laderas las proteas, las margaritas y el fynbos, la vegetación característica natural de Sudáfrica que se caracteriza por plantas de hojas finas, creando un contraste multicolor con la vecina zona desértica. Aunque no hay mes malo, ya que disfruta del segundo clima más templado del mundo después de Hawái, con temperaturas que no descienden de 10 grados en invierno ni superan los 28 en verano.

 

La Ruta Jardín ha vivido los conflictos por el comercio de la madera y la búsqueda de oro de los colonos bóeres. Estos hicieron de los bosques húmedos de Knysna su hogar y forma de vida en el siglo XIX, que la escritora sudafricana Dalene Matthee retrató luego en sus ‘novelas del bosque’. Todo un alegato literario a la conservación de los bosques autóctonos con personajes como el leñador Saul Barnard.

Elefante en Knysna Elephant Park
La variedad de alojamientos en la Ruta Jardín incluye desde hoteles de lujo a albergues dentro de las reservas de animales como Knysna Elephant Park.

La vida de la que hablan los cuentos de Matthee ya no existe, pero aún se escucha entre los helechos el característico “kow kow” del turaco, un exótico pájaro autóctono de plumaje verde y cresta y alas rojas. Los leñadores han sido sustituidos por senderistas y buscadores de aventuras. Descienden los ríos en kayaks o pasean sobre los árboles en tirolina en el parque nacional Garden Route.

 

Este se divide en las secciones Wilderness, Knysna Lakes y Tsitsikamma. Desde Knysna parten las sendas Woodcutter’s Walk y Millwood Mine Walk, entre cascadas y gigantescos árboles centenarios. Dos acantilados de piedra arenisca, conocidos como las “cabezas”, vigilan la entrada a la laguna de Knysna desde el mar. Gracias a la Ruta Jardín, está localidad costera se ha convertido en un animado centro turístico repleto de restaurantes y opciones de ocio, como el festival de las ostras que se celebra cada julio.

Recorrer a pie o a caballo los bosques es una opción más acorde con el espíritu de las obras de Matthee, pero en la ruta han surgido nuevas experiencias, como la de sumergirse en las aguas de Mossel Bay dentro de una jaula rodeados por tiburones blancos. Su variada fauna, que incluye elefantes salvajes y santuarios de animales como el de Jukani, contribuye a agrandar la leyenda de este ‘road trip’.

Los desvíos son un ingrediente esencial del camino. Las cuevas de Cango, un laberinto de maravillas subterráneas y la atracción turística más antigua de Sudáfrica, se encuentran cerca de Oudtshoorn, donde se agrupan las granjas de avestruces. Las playas de Plettenberg Bay, por su parte, atraen a los surfistas y, desde hace poco, a los enoturistas. Una de las últimas incorporaciones a la ruta han sido los viñedos de Bramon, una prueba más de que es imposible seguir la Ruta del jardín sin detenerse. Aunque no sea para oler las rosas.

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