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El doble de diversión

Carnaval es sinónimo de color, música y desenfreno en Brasil. ¿Por qué no celebrarlo más de una vez? En Recife, lo hacen dos veces al año.
Recife es la única ciudad brasileña donde el carnaval se vive dos veces al año: una en octubre, la fecha tradicional de la festividad local, y otra en febrero, coincidiendo con los festejos nacionales. Como en el resto del país, la alegría y el baile inundan las calles durante estos días, pero aquí las tradiciones adquieren aún más protagonismo. El colonialismo portugués y las raíces africanas se funden en la mezcla de culturas y mestizaje que es Brasil, y salen a la calle con orgullo.

El Frevo, el ritmo del Recife

En portugués procede de ‘ferver’, que significa hervir. Y es que al bailar este ritmo, es como si te hirviera el cuerpo: no puedes parar de moverte. Es rápido y frenético, y en él encontramos una mezcla de estilos muy opuestos como la percusión de origen africano y la polka.

Inaugura los festejos un desfile presidido por un gallo de más de 30 metros. Con la cresta cubierta de lentejuelas, el gallo gira para observar como cientos de miles de personas bailan a su alrededor. Gracias a sus dos millones de asistentes, el Galo da Madrugada aparece en el libro Guinness de los Récords por ser el desfile más multitudinario del mundo. Esos dos millones no dejarán de bailar en los tres días que dura el carnaval.
Los ritmos contagiosos de los ‘tríos eléctricos’, una especie de camiones- escenario con música en vivo, recorren la ciudad desde la playa de Boa Viagem. La samba se mezcla con las melodías regionales, con la percusión y las trompetas… Pelucas de colores y disfraces de lo más pintorescos completan la escena. En las calles del casco antiguo son las orquestas las encargadas de poner la nota musical. Lo que más llama la atención son las pequeñas sombrillas de colores girando a toda velocidad entre las piernas y brazos de los bailarines, que siguen el compás sin esfuerzo.
La tradición está especialmente presente en la Noche de los Tambores Silenciosos, uno de los actos más emocionantes del Carnaval de Recife. Es un homenaje a los esclavos africanos muertos en cautiverio y tiene lugar el Patio del Tercio en la madrugada del lunes. Las agrupaciones de Maracatu, una música afro-brasileña y con tintes religiosos típica de la región, recuerdan a sus antepasados como mejor saben: con ritmo y alegría. A medianoche bajan las luces y los tambores callan, solemnes. La pausa dura solo unos minutos y poco después se reanudan los cánticos y la percusión. La fiesta continúa.
A tan solo seis kilómetros de Recife se encuentra Olinda, cuyos carnavales se caracterizan por su tinte local y espontáneo. La ciudad ha sido declarada Patrimonio Histórico y Cultural por la UNESCO. Merece la pena ver sus callecitas de casas coloniales todavía más coloridas que de costumbre: llenas de gente disfrazada agitando las sombrillas típicas del ‘frevo’. Los Blocos da Troca, que son las comparsas que organizan los desfiles callejeros, y los muñecos gigantes de papel maché están presentes durante toda la fiesta, que dura once días.

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