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El aroma de Puerto Rico

Espresso, cortadito o con leche. Así suelen tomar el café los puertorriqueños. Una tradición de más de tres siglos que sigue más viva que nunca.
A

unque la piña colada está considerada la bebida nacional desde 1978, el café ocupa un lugar preferente en los gustos, tradiciones –y en los bolsillos– de los puertorriqueños. De acidez media y fuerte aroma, lo toman a cualquier hora del día.

A pesar de su importancia, aún no está muy claro su llegada a la Isla. Hay dos teorías que cobran fuerza: una sitúa su llegada con los españoles, que vieron en las condiciones de la Isla el lugar idóneo para su cultivo; y la otra cree que fue idea de los corsos que emigraron a principios del siglo XVIII. Pocos años después, Puerto Rico se convertía en uno de los mayores exportadores de café de las Américas, y ya en el siglo XIX esta industria era una de las más importantes de la Isla, desbancando a la caña de azúcar. A finales de siglo la exportación de este producto reportó 13,9 millones de pesos, lo que suponía un 77% de valor de todo lo que se vendía al exterior.

Fachada con mujeres tomando café.
El café es uno de los cultivos más extendidos en Puerto Rico.
Foto: Juan Cristobal Zulueta on Visualhunt / CC BY

Historia y granos recién tostados

A una hora en coche de Jayuya se encuentra el Museo del Café. Ubicado en Ciales, en la región montañosa de la Isla, es propiedad de la familia Maldonado, que lleva casi un siglo dedicándose al cultivo del café. Aquí se explica la historia de su cultivo y producción, y venden granos de café recién tostados.

De cualquier forma, Puerto Rico reúne las mejores condiciones geográficas y climáticas para el cultivo del café. Muchos de sus terrenos de cultivo se sitúan a más de 900 metros por encima del nivel del mar, donde la temperatura se mantiene fresca y el ambiente húmedo gracias a las abundantes lluvias. Ventajas que lleva explotando 300 años.

De todas las regiones, el pueblo de Yauco es el que más se asocia a la producción del cafeto (o planta del café). Conocido como “la ciudad del café”, presume de tener una de las mejores mezclas del mundo. Situado en el suroeste de la Isla, aquí se celebra durante una semana –entre finales de febrero y principios de marzo– el Festival del Café. Incluye una feria de artesanía, espectáculos de música y baile, desfile de carrozas…

Recolección de café.
Puerto Rico está organizando una ruta oficial del café, que incluye los municipios de Jayuya, Utuado, Adjuntas, Lares, Yauco y Maricao.

Ponce, Adjuntas y Jayuya reúnen algunas de las haciendas cafetaleras más conocidas de Puerto Rico. Un recorrido por estas tres zonas, situadas en el centro-sur de la Isla, puede resultar el mejor itinerario cafetero. En Ponce, por ejemplo, se pueden visitar Café Lucero y Hacienda Buena Vista, que se encuentra en un bosque subtropical. En Adjuntas está la Hacienda Tres Ángeles, que ofrece recorridos los fines de semana y vende granos arábica de alta calidad. Y en Jayuya se puede parar en la Hacienda San Pedro, que comercializa un café semi-dulce, acaramelado y con matices de chocolate y especias; o en Café Nativo, donde el café se procesa con agua de manantial bajo un sistema respetuoso con el medio ambiente.

Café de Hacienda San Pedro.
El café de Hacienda San Pedro se produce de manera artesanal desde hace cuatro generaciones.
Foto: ©Hacienda San Pedro

Un poco más al oeste se encuentra Hacienda Lealtad, otro de los símbolos cafeteros de Puerto Rico. Situada en Lares, data de los tiempos del dominio español en la Isla. Centrada ahora en el turismo, su visita incluye parada en el café bistró, en el vivero y una degustación en el laboratorio. Más moderna es Hacienda Muñoz, en San Lorenzo. Con más de 4.000 árboles en su terreno, cuenta con varios restaurantes y una tienda.

Más allá de las grandes haciendas, en el propio San Juan también se puede degustar el aromático café puertorriqueño. En el Viejo San Juan se reúnen buena parte de las referencias cafeteras de la capital. Cuatro Sombras, Colao y Don Ruiz son los cafés más famosos de la ciudad, pero tal vez el que más encanto tenga es Caficultura. Una antigua residencia junto a la plaza de Colón que se ha reconvertido en un café en el que todo se prepara con ingredientes locales.

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