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Drácula: persona non grata

Hace unos años trató de inaugurarse en Transilvania el parque temático 'Draculaland'. El proyecto fue prohibido por el gobierno rumano, que lleva tiempo renegando del gancho turístico del 'chupasangres'.
Bram Stoker nunca visitó Transilvania. A Murnau, Coppola o Polanski tampoco les importó gran cosa que Vlad Tepes fuese un héroe nacional que luchó por la independencia contra los turcos. En esta impresionante región central de Rumanía anteponen su realidad histórica y natural a la leyenda terrorífica de un personaje que ha inspirado más de 200 películas y 1.000 novelas.
En Transilvania nació el ensayista y filósofo Emil Cioran (1911-1995), cuya casa puede visitarse en Rasinari, a doce kilómetros de Sibiu. Aquí pasó su infancia el responsable de muchos de los razonamientos más entusiastas sobre el suicidio y la muerte. Amigo del hijo del sepulturero del pueblo, se cuenta que desde muy pequeño jugaba al fútbol con cráneos humanos, algo que marcó su vena mórbida.
La ciudadela medieval de Sighisoara es una de las mejor conservadas de Europa
La muerte como celebración tiene otro escenario curioso en Transilvania: el ‘cementerio alegre’ de Sapantza. En él, las tumbas van acompañadas de coloridas pinturas naïfs y epitafios que describen, de manera optimista y poética, cómo vivieron o murieron las personas allí enterradas.
Pero no todo es muerte a este lado del paraíso. Transilvania es una región pletórica de ciudades medievales, castillos bien conservados y una naturaleza desbordante en torno a los Cárpatos. Con una longitud de 1.500 km, en estos montes vive la mayor población de osos pardos de Europa.
La vida en las montañas Apuseni está muy lejos de la tecnología.
El centro de operaciones ideal para recorrer esta gema oculta es la ciudad de Brasov, escenario de la monumental Iglesia Negra. Se trata de una catedral gótica espectacular cuyo color remite a un incendio sufrido en 1689, a tiro de piedra de sus principales atractivos culturales y naturales.
En Los Cárpatos vive la mayor población de osos pardos de Europa.
Aunque Transilvania produce el 35% del PIB de Rumanía, viajar por la mayoría de su territorio es como subirse a una máquina del tiempo y aterrizar en un periodo preindustrial. Y eso que su famoso Castillo Peles, antigua residencia de verano de Carol I y de Ceaucescu, fue el primer edificio con electricidad y calefacción central de toda Europa. Hoy es uno de los símbolos visuales del país junto al Castillo de Bran del siglo XIII. El hogar de Vlad Tepes durante un corto periodo de tiempo hace soñar con sus torres de cuento de hadas.
La trascendencia cultural se siente con especial fuerza en ciudades como Sibiu. La Capital Europea de la Cultura en 2007 es dueña de un conjunto arquitectónico inusual con todos los estilos representados. Hogar de rumanos, alemanes, húngaros y roms, este ‘melting pot’ reúne una cantidad ingente de museos, teatros y festivales. Son famosas sus casas con ojos, conocidas así por las ventanas de sus tejados. Tampoco hay que perderse la ciudad más de moda, Cluj, con una vida urbana de encanto ‘hip’, o la ciudadela medieval de Sighisoara, la más grande de Europa en número de habitantes y lugar de nacimiento de Vlad ‘el Empalador’. Aunque no se pueda omitir del todo al famoso vampiro, en Transilvania no harán falta ni ajos ni estacas.

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