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Donde Dios puso el Oeste

Utah y Arizona comparten Monument Valley, pero este siempre pertenecerá a John Ford, que a pesar de no tener el gatillo más rápido del Oeste, lo conquisto de todos modos.
C
omo las estrellas del Hollywood, Monument Valley debería tener representante. Es veterano en ‘pasearse’ delante de una cámara. En 1939, momento en que John Ford estrenaba ‘La diligencia’, el ‘western’ no pasaba por su mejor momento. El director se propuso elevarlo a los altares de la cinematografía y convirtió una polvorienta y basta llanura roja en su ‘set’ particular hasta 1964. Se fue con nueve películas bajo el brazo.
Hoy Monument Valley es uno de los lugares más fotografiados del mundo.
‘The Three Sisters’ es una formación que recuerda a una monja y a sus dos pupilas. John Wayne bromeaba diciendo que formaban una W en su honor.

A Ford le dieron el soplo

Harry Goulding era un comerciante con tierras en Monument Valley. Debido a las calamidades que los navajo sufrían, consecuencia de la Gran Depresión, viajó a Los Ángeles en busca de un director que rodara allí. Convenció a John Ford y el resto es historia del cine. Hoy Goulding’s Lodge, hotel y museo, lo recuerda y sigue acogiendo a visitantes.

“Si amabas a John Ford él hacía que ese amor se volviera contra ti” afirma Glenn Frankel, ganador del Pulitzer y autor del libro ‘The searchers’, basado en ‘Centauros del desierto’. Y aunque Ford cayó en el cliché hollywoodense con Katherine Hepburn, su relación amorosa más sonada la tuvo con el cine, y particularmente con Monument Valley. Aquí se sentaba en su silla de director, con su parche en el ojo y armado con su genio irritable. Pero su hogar de rodaje nada tiene que reprocharle, nunca sufrió su ira porque para él era “el lugar más completo, bello y tranquilo de la tierra”. Un mar de arena rojiza interrumpido por aisladas mesas, promontorios y monolitos de arenisca que se elevan hasta los 300 metros. Es “Donde Dios puso el Oeste”, añadiría su actor fetiche John Wayne, ‘el más duro’ de estas tierras.
 
La milla 13 de la US 163 es el punto exacto donde Forrest Gump dejó de correr.

El plató más polvoriento

El primer ‘western’ de Monument Valley no lleva el sello de John Ford sino el de George B. Seitz, quien dirigió ‘El ocaso de una raza’ en 1925. Otros títulos aquí rodados son ‘Regreso al futuro III’(1990), ‘Thelma y Louise’ (1991), y ‘El llanero solitario’ (2013).

Monument Valley Navajo Tribal Park forma parte de la nación navajo, la mayor reserva de nativos americanos en Estados Unidos. Aquí se llega por la icónica carretera US 163, tan recta y larga que hasta Forrest Gump se cansó de correr por ella. Sus caprichosas formas comenzaron a esculpirse hace millones de años por la continua erosión del agua y el viento. Adentrarse en el ‘Far West’ va más allá de buscar por el camino algún estepicursor, traducido como ‘esa mítica bola de paja seca rodante’ tan propia de las pelis de vaqueros. Hoy la experiencia más aventurera es recorrer en un jeep de la mano de un navajo los 27 kilómetros de Valley Drive, un polvoriento camino sin asfaltar. Los navajos viven de los turistas, pero no quieren una carretera pavimentada dentro del parque, eso supondría abrir la veda al turismo masivo.
La extensión de Monument Valley Navajo Tribal Park es de 372 kilómetros cuadrados.
Gracias a la profundidad de campo, formaciones como ‘The Mittens’ (Las manoplas), ‘Camel Butte’ (El camello), ‘The Three Sisters’ (Las tres hermanas) o ‘The Thumb’ (El pulgar) se convirtieron en un personaje más de las películas de Ford. Testigos mudos de las carreras del séptimo de caballería a golpe de trompeta en ‘Fort Apache’ y ‘La legión invencible’.
Y mejor que una estrella en el Paseo de la Fama es tener un mirador con la mejor panorámica del valle. John Ford’s Point es uno de los lugares más concurridos. Una roca en el borde de una meseta que también sirvió durante años como cartel de Marlboro. En este homenaje natural al gran director, apodado ‘Natani Nez’ (‘líder alto’) por los navajos, se puede fotografiar a un jinete solitario que se instala a diario para regocijo del visitante. Es posible también emular a Wayne durante media hora a lomos de un caballo, eso sí, ahora sin ser perseguido por los comanches. Dios puso el Oeste en Monument Valley, pero fue Ford quien se encargó de difundir la buena nueva. Música y fundido a negro.

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