>>>Cuevas, palacios y Zaha Hadid
Foto: Zaha Hadid Architects

Cuevas, palacios y Zaha Hadid

Los nabateos, los romanos y Norman Foster han dejado su huella en las cálidas tierras jordanas. Sus obras narran la historia de un país tan antiguo como cosmopolita.
E

n Petra, una antigua civilización “desafió los límites de su alrededor y transformó la dura roca en una escultura viviente”. Así lo resume la reina Rania de Jordania. 2.000 años más tarde, Zaha Hadid Architects se dispone a hacer lo mismo en Ammán. La Casa de Cultura del Rey Abdullah II está inspirada en la ciudad rosa. Si Petra es “un oasis y un santuario de gran belleza”, como la describe el estudio de la arquitecta anglo-iraquí, el nuevo edificio en la capital jordana pretende ser un oasis y un santuario de la cultura contemporánea.

Zaha Hadid no podrá ver terminada su obra, ya que falleció el año pasado, pero su originalidad y talento se han ganado un hueco en el ‘hall de la fama’ arquitectónica de Jordania. De él forma ya parte otro miembro de la ‘starchitecture’, su colega Norman Foster, encargado de diseñar el Queen Alia International Airport. Inaugurado en 2013 con la promesa de aumentar la capacidad de pasajeros de 3,5 millones a 12 para el año 2030, es la mejor carta de presentación para una ciudad como Ammán, cosmopolita y tradicional al mismo tiempo.

Render del interior de la futura Casa de Cultura del Rey Abdullah II
La Casa de Cultura del Rey Abdullah II contará con una sala de conciertos con 1.600 butacas y un teatro de 400.
Foto: Zaha Hadid Architects

Las claves de la ‘nueva Petra’

La erosión ha ido modelando los templos y las más de 800 tumbas de la antigua ciudad de los nabateos y es esa “complejidad y elegancia de las formas” lo que quieren reproducir desde Zaha Hadid Architects. Aplicarán esta ‘erosión fluida’ en todas las plantas del edificio. La segunda de ellas tendrá las mejores vistas de Ammán.

Como Hadid, Foster+Partners buscaron inspiración en la historia del país y, de nuevo, las musas les llevaron a lo más profundo del desierto. Los campamentos beduinos sirvieron de modelo para la cubierta exterior del edificio, compuesta por cúpulas teseladas. Su interior recuerda a un oasis cubierto de palmeras, con enormes columnas que se conectan con ‘ramas’ en el techo, como si quisieran proteger a los recién llegados del sol y el calor del verano de Oriente. Y pensando en la tradicional hospitalidad jordana, idearon amplias zonas comunes donde las familias pudieran reunirse para recibir o despedir a los suyos.

Los nabateos no tenían estudios de arquitectura, pero sus obras ocupan un lugar de honor en la historia artística de Jordania. Eran, según el escritor romano Plinio, “la raza más acaudalada de la tierra” y gracias a esa riqueza levantaron Petra, una de las siete maravillas del mundo. Sus avances en campos como la ingeniería hidráulica resultan todavía hoy fascinantes y a pesar de los descubrimientos recientes, su capacidad para tallar la roca, de arriba abajo, sin necesidad de grúas, sigue despertando incógnitas entre los estudiosos. El nivel de detalle de sus fachadas y las ‘tuberías’ para llevar agua a esta ciudad en mitad del desierto se consideraban tan vanguardistas entonces como los diseños de Foster y Hadid nos parecen hoy.

Cúpulas del Queen Alia International Airport
Cada cúpula del aeropuerto de Ammán es una unidad modular, de cara a posibles ampliaciones.
Foto: Nigel Young Foster + Partners

Pero Petra no es la única joya arquitectónica del país. Las ruinas de Jerash o los Castillos del Desierto nos hablan de civilizaciones perdidas cuyo poder se demostraba a base de piedra caliza y basalto. Otro de los ejemplos más desconocidos es Qasr al-Abd, las ruinas de un antiguo castillo en el valle de Wadi Seer. La leyenda habla de un joven esclavo que construyó un palacio para impresionar a la hija de su maestro. Utilizó los bloques de piedra más grandes de Oriente Medio, algunos de hasta 7×3 metros, y talló la piedra con la figura de animales de “una magnitud prodigiosa”, según los historiadores de la época. En realidad, fue un miembro de la poderosa familia Tobiad, a quienes también se les relaciona con las cercanas cuevas del Príncipe, once cuevas talladas en la roca que hoy sirven de refugio para los pastores de cabras de la zona. Quizá mañana inspiren a un nuevo arquitecto deseoso de impresionar a su maestro, pues como dijo Norman Foster “ diseñas para el presente, con cierto conocimiento del pasado, para un futuro que es esencialmente desconocido”.

Ruinas de Qasr al-Abd
Los arqueólogos creen que Qasr al-Abd fue construido en el 200 a.C.

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