>>>Croacia para ‘foodies’ exigentes

Croacia para ‘foodies’ exigentes

Trufa blanca de Istria, ostras de Ston y aceite de oliva de autor. Los sabores de Croacia se descubren con el paladar, pero también con la maleta a cuestas.
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roacia es pecar de pura gula. Y sin remordimientos, que para eso presume de sana dieta mediterránea. Además de por sus playas y su historia, el país de las 1.000 islas destaca por su buen comer. El secreto está en el producto, el que los agricultores cultivan con mimo en las regiones del interior o los pescados y mariscos frescos de las ciudades costeras.

El menú croata incluye carnes, marisco, quesos y una copa de marrasquino, su famoso licor de cerezas, como postre o aperitivo. Pero la estrella, sin duda, es la trufa, sobre todo la blanca (o ‘tuber magnatum pico’). Hasta 20.000 euros se llega a pagar por los perros truferos que buscan este preciado hongo en los bosques de Motovun, en la península de Istria. Giancarlo Zigante encontró en 1999, junto con su perra Diana, la trufa blanca más grande del mundo. 1 kilo y 310 gramos que entraron directamente en el libro Guinness de los récords. Zigante pudo venderla, pero prefirió compartirla en una cena con amigos. Para probar el producto del conocido como “rey de las trufas”, se puede acudir a su restaurante en el pueblecito de Livade.

Skyline de Rovinj (Istria)
En el skyline de Rovinj (Istria) destaca la catedral de Santa Eufemia, con 57 metros de altura.

Agenda para ‘gourmands’

Comida y festivales siempre maridan bien. Uno de los más esperados es la feria de prosciutto de Drniš, que se celebra en septiembre. También en septiembre tiene lugar la Istrian Wine Run, que recorre las regiones vinícolas de la península croata y es perfecta para runners amantes de la gastronomía.

La península de Istria es la región de la trufa, pero también de los viñedos y los olivos. Se la conoce como ‘Terra Mágica’ y destila esencia mediterránea. Comerciantes y conquistadores fueron modelando esta tierra de clima suave y paisajes provenzales. La herencia veneciana emerge entre las coloridas casas de Rovinj, mientras que en Pula los romanos dejaron su huella en forma de gigantesco anfiteatro. Además de visitar ciudades medievales como Grožnjan y Opatija, se puede disfrutar de catas de vino. Las bodegas más famosas están en Momjan y los alrededores de Rovinj.

 

En la glamourosa isla de Hvar, la más larga del Adriático, también existe gran tradición vinícola. Los griegos plantaron los primeros viñedos en esta isla en el año 834 a.C y desde entonces no han parado de producir caldos de gran calidad. El Pošip de los viñedos de Zlatan Otok está considerado el mejor blanco junto con el autóctono Bogdanuša, una variedad que solo se produce en Hvar y que significa “regalo de Dios”. Se puede degustar en los restaurantes locales o comprar una botella y subírsela al yate, como hacen las celebrities en sus costas. Para bajar después la ‘spiza’, como llaman los locales a una buena comida, es recomendable pasear por las callecitas empedradas del casco antiguo o aventurarse en los campos del interior, cubiertos de lavanda.

Isla de Krk en Croacia
La isla de Krk es una de las más animadas de Croacia. Es difícil aburrirse, ya que cuenta con 68 pueblecitos para visitar.

El aceite de oliva es el otro gran legado de los griegos y los romanos en Croacia. Aunque su nivel de producción no es comparable al de sus vecinos mediterráneos, es considerado uno de los mejores del mundo. Se trata de pequeñas empresas familiares que cultivan sus propias aceitunas y producen una cantidad limitada de aceite. Calidad ‘hand made’ asegurada. El aceite de oliva de las islas de Solta, Korcula y Krk, así como el aceite de oliva virgen extra de la isla de Cres, en la región de Kvarner, cuentan con el sello de Denominación de Origen protegida.

 

Sin salirnos de la costa Dálmata, aún se pueden probar muchas exquisiteces. Por ejemplo en Ston, que además de tener “la muralla china de Europa” (la más larga del continente, con 7 kilómetros), es famosa por sus ostras, consumidas por habitantes y turistas durante todo el año. Son también las protagonistas del menú en muchos de los restaurantes de Dubrovnik, a solo 60 kilómetros.

Ostra de Ston, Croacia
En Ston se celebra cada año el Día de la ostra. Esta se acompaña también de otros productos típicos como los mejillones y los vinos.
Foto: Stipe Surac/Croatian National Tourist Board

Los amantes de los productos del mar tienen otra parada obligatoria: la bahía de Kvarner, cuyas cigalas presumen de ser las más sabrosas del Adriático. Los más carnívoros pueden probar mientras tanto la carne de cordero de la isla de Pag. El viento ‘bura’ transporta la sal marina a las praderas donde pastan los corderos, lo que le da un sabor único. Igual ocurre con su Paški sir, un queso picante que se obtiene exclusivamente de ovejas de esta isla. Delicioso si se acompaña de prosciutto, uvas, miel de flores silvestres o aceite de oliva. Nada que no pueda encontrarse en el país de las mil islas.

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