>>>El corazón guerrero (y desconocido) de Jamaica
Foto: © JNHT/ M. Morgan

El corazón guerrero (y desconocido) de Jamaica

Verdes, crudas y salvajes. Así son las montañas de Jamaica a las que escaparon hombres y mujeres veloces en busca de la libertad hace cientos de años.
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ás allá del mar y la música, en una pequeña aldea en mitad de las montañas del interior de Jamaica, mujeres y hombres giran al ritmo de los tambores. Un bailarín, camuflado de pies a cabeza por ramas frondosas, agita un cuchillo. Esta danza tradicional, conocida como la emboscada, recrea uno de los rituales secretos de los indomables maroons jamaicanos, guerreros que lucharon por su libertad hace más de doscientos años. Descendientes de africanos, fueron los primeros esclavos fugitivos de la isla en reclamar y conseguir la libertad. El corazón verde y montañoso de las zonas de Blue Mountain y de Cockpit Country acoge la memoria de los últimos asentamientos de estas tribus. Una ruta que lleva hasta las profundas raíces de la cultura jamaicana y su espíritu de lucha.

El nombre de maroons proviene de la palabra española ‘cimarrón’, que significa cazador. Estos resistieron y se enfrentaron obstinadamente a los británicos, quienes en el siglo XVII habían arrebatado a los españoles el control de Jamaica. Las guerrillas escaparon de los colonizadores y consiguieron sobrevivir en los laberínticos bosques de las montañas, camuflándose entre hojas y comunicándose con el ‘abeng’, un cuerno de vaca cuya llamada tiene un alcance de hasta 15 kilómetros. Fue Queen Nanny, la ‘reina de los cimarrones’–nombrada Héroe Nacional de Jamaica en 1976–, quién inventó este sistema de comunicación y perfeccionó las estrategias que les permitirían vencer al enemigo.

Hombre conduciendo una barca en río de Blue Mountain
La naturaleza exuberante de Cockpit Country alberga más de 27 especies endémicas de aves jamaicanas.

Definidos por los propios británicos como “una espina en el costado inglés”, estos se vieron finalmente obligados a conceder la libertad a los maroons en un tratado firmado en 1739. Aún protegidos por este acuerdo, sus descendientes conservan el antiguo estilo de vida. Adentrarse en su territorio es descubrir la parte más inhóspita y preservada de Jamaica. Una ruta a través de una densa selva tropical donde asoman colinas con forma de cono entre ríos, feroces cascadas y formaciones de piedra caliza que crean sumideros y cuevas. Un paisaje impenetrable con unas 300 cuevas que sirvieron de refugio a los maroons y que forman uno de los mejores circuitos de espeleología del Caribe.

 

Además de ser el hogar de varios atletas de medalla de oro olímpica, incluida la leyenda Usain Bolt, la región de Cockpit Country también es el lugar donde conocer a los Accompong, única comunidad maroon del oeste de la isla. Una tranquila aldea donde hombres de todas las edades juegan al dominó en plena calle y que presume de cientos de años sin un delito cometido en sus dominios. Orgullosos de su cultura, en Accompong los maroons todavía cantan canciones sagradas, hablan con espíritus ancestrales, cazan y cocinan al tradicional estilo ‘jerk’, que consiste en untar la carne con especias aromáticas antes de cocinarla a fuego abierto.

Procesión maroon con tambores y ‘abeng’.
Encuentros culturales como el Festival Accompong Maroon recrean las costumbres de los maroons a través del canto, el baile y la cocina.
Foto: ©UNESCO/Andrew P. Smith

Carreteras angostas y llenas de baches serpentean a través de colinas y bosques hasta la zona de Blue Mountain, en el este de la isla. Allí se encuentran Moore Town y Charles Town, otras dos ciudades maroon. Los asentamientos de estas tribus son semi-autónomos y están gobernados por un coronel electo, un título otorgado desde las batallas contra el ejército británico. Gran parte del sustento de estas comunidades se centra en el turismo, por eso ofrecen la posibilidad de una experiencia inmersiva con sus gentes.

Cueva en la zona de Cockpit Country.
Los guías locales organizan actividades de espeleología a las cuevas de Windsor, unas de las más visitadas.

El sonido del ‘abeng’ recibe a los visitantes en estas pequeñas aldeas donde se agolpan las casas de madera pintadas de colores y el humo de los guisos ’jerk’ inunda el aire. Vivir con los maroons no es la manera más sofisticada de conocer Jamaica, pero sí la más auténtica. Recorrer los bosques en camiones, pelar un coco con las manos o bailar al ritmo de danzas sagradas cantadas en kromanti, una lengua de derivación africana, son algunas de las ‘actividades cotidianas’.

No hay duda de que el espíritu luchador de Queen Nanny, la ‘reina de los cimarrones’, ha sobrevivido en los descendientes maroons. Y puede que hasta en las piernas de Usain Bolt.

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