>>>Comer y dormir como un monje budista en Koyasán

Comer y dormir como un monje budista en Koyasán

Meditación y dieta vegetariana… Podríamos estar hablando de la última moda ‘celebrity’, pero no. En esta ciudad monástica de la prefectura de Wakayama, donde los monjes son mayoría, llevan más de 1000 años siguiendo este estilo de vida.
E

l cementerio de Okunoin de Koyasán, con más de 200 000 tumbas, es el más grande de Japón. Y, debido a las leyendas que lo rodean, también el más famoso. En la escuela budista Shingon apoyan la creencia de que no hay muertos, sino espíritus en espera. Entre ellos, el del monje Kukai, cuyo mausoleo está iluminado por 20 000 linternas y rodeado de enormes cedros.

También conocido como Kobo-Daishi, el monje Kukai fundó en el año 816 el templo Kongobu-ji en la cima del monte Koya, a unos 900 metros de altitud. Tras la iniciativa de Kukai, fueron surgieron decenas de templos y monasterios –hoy en día hay unos 120–, hasta convertir al monte y a la ciudad de Koyasán en uno de los centros religiosos más importantes de todo el archipiélago. Situado a unos 80 kilómetros de la ciudad de Osaka, se trata del centro principal del budismo Singon, considerada la rama esotérica del budismo japonés.

Estatuas en el monte Koya.
Los budas vestidos con baberos rojos son ofrendas de las madres por la protección de sus hijos.

Hasta este rincón de la prefectura de Wakayama llegan cada año miles de peregrinos y turistas que suelen hospedarse en los propios templos. En ellos pueden conocer de primera mano la forma de vida de los monjes, quienes dedican buena parte de su tiempo a la meditación (‘ajikan’) y a la caligrafía (‘shakyo’). Además, llevan su propia dieta, ‘shojin-ryori’, que podría traducirse como “cocina de devoción” y consta solo de alimentos locales de origen vegetal: sopa de miso, fideos soba (de trigo sarraceno), verduras en tempura, arroz blanco…  El plato más popular es el ‘gomadofu’, un pastel de sésamo con una textura parecida al tofu.
 

Antiguamente, la entrada a la ciudad monástica de Koyasán se hacía por la puerta Daimon y las mujeres, que tuvieron prohibido el acceso hasta 1872, debían esperar en el templo Nyonindo. Pero ahora, facilitando el acceso a los viajeros, hay un autobús que va hasta el corazón de la ciudad. Eso sí, los peregrinos que quieran llegar hasta Okunoin deben hacerlo a pie, ya que los dos últimos kilómetros son considerados sagrados. Más allá del puente Gobyo-bashi no se puede hacer fotos ni comer o fumar; al cruzarlo, hay que agachar la cabeza y unir las manos en señal de rezo. Y es que se dice que Kukai espera a los visitantes al final del túnel.

Platos de la dieta shojin-ryori
La dieta ‘shojin-ryori’ se basa en la prohibición budista de matar a un ser vivo.

“Abrirse al mundo entero” es el lema de Koyasán. Un propósito que llevan cumpliendo desde que la ciudad se abriera al turismo a mitad del siglo XX. Y más aún cuando fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco –dentro del sitio Lugares Sagrados y Rutas de Peregrinación de los Montes Kii– en el año 2004. La modernidad ha ido calando en el día a día de esta ciudad monástica donde todavía los monjes son mayoría. La mitad de los templos de Koyasán están habilitados como albergues y se prestan como el lugar perfecto para un viaje de meditación. El de Ekoin, que fue de los primeros en prestarse a este tipo de alojamiento, celebra una ceremonia de agradecimiento a los santos budistas cada mañana.

Templo de Koyasán
Koyasán es el destino perfecto en Japón para el ‘trabajo espiritual’.

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