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Christchurch: la ciudad improvisada

Hace cinco años un terremoto arrasó la segunda ciudad más grande de Nueva Zelanda. Hay algo que no destruyó: el carácter luchador de sus habitantes.
E
n Christchurch la catedral es de cartón. En ella se celebran eucaristías y conciertos. De la original solo quedan ruinas. Fue la primera que los colonos levantaron en Nueva Zelanda, pero el terremoto de 2011 la dañó gravemente. La de cartón es una catedral de transición ubicada en Latimer Square. Se mantendrá hasta que se construya un edificio permanente.
Se escribe Christchurch y se pronuncia con optimismo. “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad”, decía Winston Churchill. Los habitantes de Christchurch lo son, porque después de que el terremoto devastara media ciudad, han logrado que renazca de sus cenizas, literalmente. Acaban de cumplirse cinco años del suceso y los destrozos todavía son visibles. El centro no existe. Los relojes se han detenido en las 12:51. Mires donde mires hay un edificio en obras. Serán necesarios quince años para que la ciudad resurja por completo. Se ha cumplido un tercio de este plazo y Christchurch trabaja con su mejor herramienta: la creatividad.
Re:START cuenta a día de hoy con aproximadamente 50 negocios.
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Los restaurantes han reabierto al público aunque necesiten generadores eléctricos para obtener luz. Algunos incluso apuestan por el humor negro para reinventarse. Es el caso del antiguo bar Goodbye Blue Monday. Tras el terremoto cambió su nombre por Smash Palace (Palacio Destrozado). En un antiguo autobús reciclado y pintado de colores preparan un gran surtido de hamburguesas, aunque su especialidad es la cerveza local. La gente acude en masa a brindar y bailar bajo sus guirnaldas de bombillas.
 
La catedral de cartón se construyó con 98 tubos de cartón. Después se cubrió con una pantalla de vidrio de colores.
Foto: christchurchnz.com

Donde la ciudad respira

La calma del Jardín Botánico contrasta con las obras del resto de la ciudad. A este espacio de 21 hectáreas el terremoto no le afectó. Aquí viven árboles de más de 120 años y una abundante variedad de flores. Lo atraviesa el río Avon, que puede recorrerse en góndola.

Lo que antes de 2011 era la meca del ‘shopping’ es hoy Re:START (volver a empezar). Por fuera es un centro comercial construido con contenedores de mercancías superpuestos. Por dentro es la imagen de las nuevas oportunidades. Bakers es una referencia de la moda masculina en Nueva Zelanda. En la fachada de su contenedor puede leerse “Don’t be afraid of looking good. Be afraid of not” (“No tengas miedo de lucir bien. Ten miedo de no hacerlo”). Es más que un slogan, es la filosofía de Christchurch. Lululemon es una tienda de ropa deportiva, pero también imparten talleres y cursos de yoga. El puesto de comida griega Dimitris está abarrotado a la hora del almuerzo. El aroma del sofisticado café de Hummingbird lo envuelve todo. Hay librerías, tiendas de regalos, incluso una peluquería para cambiar de imagen. En esto son expertos en Christchurch.
El Jardín Botánico de Christchurch se fundó hace más de 140 años.
Foto: christchurchnz.com
Hapa es una tienda de regalos y artesanía. Su propietaria Maureen Taane asegura que se quedaría en Re:START todo el tiempo posible: “Es un símbolo del renacimiento de la ciudad. Para los clientes sería triste que desapareciera”. Pero tiene fecha de caducidad: enero de 2017. Se espera que para entonces la mayor parte de los nuevos edificios del centro se hayan reconstruido. Será otro comienzo para Christchurch. Una nueva oportunidad de hacer lo que mejor sabe: reinventarse.

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