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El otro Caribe: un remanso de paz inglés

Tórtola, Virgen Gorda y Anegada son las más importantes entre el medio centenar de islas que forman este paraíso, las Islas Vírgenes Británicas. Un Caribe solitario e inspirador.
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a caña de azúcar le dio la prosperidad. La introdujeron los ingleses cuando lo colonizaron en 1666. Antes había pasado por manos holandesas. Se trata del archipiélago caribeño al este de Puerto Rico perteneciente a la Corona Británica. Unas islas que progresaron económicamente gracias al cultivo y exportación de la caña de azúcar, para convertirse después en un lugar desde el que olvidar la cotidianidad. Las Islas Vírgenes Británicas se han convertido en un destino muy demandado entre quienes buscan placer y desconexión. Su PIB se sitúa entre los 20 más altos del mundo y unas 29.000 personas habitan en once de sus más de 60 islas.
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Foto: https://aboattime.com/es/

Un garbeo en yate

Sentirse como el ‘Tío Gilito’, tumbado en la proa de un velero recorriendo unas aguas cristalinas, es posible en estas islas. Barcos de vela, lanchas motoras, yates y otras embarcaciones, con o sin patrón, son una opción – aBoatTime los alquila– para desplazarse de isla en isla.

Lugares en los que dejarse erizar la piel, como Virgen Gorda, la tercera isla más grande del territorio y que debe su nombre a Cristobal Colón. ‘The Baths’ es una de las atracciones más populares. Una colección de rocas de granito, conectadas a través de grutas, charcas de agua salada y un sendero. Es una de las mejores playas de la zona oriental del Caribe: aguas cristalinas, fauna silvestre y el tiempo en suspenso.
Islas aptas para el derroche de bolsillos acaudalados como los de Mick Jagger o Bill Gates. Centros vacacionales y villas de lujo: en North Sound, asequible solo por mar, se encuentra Bitter End Yacht Club, un refugio con 46 habitaciones que se define como “amante del agua y la tradición familiar, donde el personal es acogedor y permanece el espíritu generoso del Caribe”. Proponen actividades como vela, buceo, kitesurf, windsurf, kayak, y excursiones semanales. La isla del Tesoro (Norman Island) o la colina Spyglass, un mirador muy conocido entre los piratas, son algunas propuestas.
Además de las cuevas que forman parte del paisaje, hay ruinas de una antigua mina de cobre que operó durante 24 años en el siglo XIX.

El refugio del pirata

William Thornton, arquitecto del edificio del Capitolio de Estados Unidos, o John Coakley Lettsom, fundador de la Medical Society of London y la Royal Humane Society fueron algunos de los habitantes de la isla Jost Van Dyke, la más pequeña de las cuatro principales (300 habitantes), y así llamada por el pirata holandés.

En la isla de Tórtola, la más grande de la cadena de las BVI (British Virgin Islands), el ritmo lo marcan sus arenas blancas, que invitan a paseos relajados. Aires frescos, palmeras como sombra. Y la estampa formada por embarcaderos, donde fondean yates millonarios. Los espacios protegidos se convierten en lugares ideales para bucear y practicar snorkel. Para esto último, una de las mejores playas es Trunk Bay, llena de peces de colores. Además de actividades marítimas, la isla anima a ser recorrida, a pie o en bicicleta, por empinados caminos. En el Parque Nacional de Gorda Peak está el punto más alto de la isla, desde donde se divisan otras zonas como Anegada, llamada la “isla ahogada” por los españoles, que cuenta con Horseshoe Reef, el tercer arrecife continuo más grande del Caribe Oriental.
Aparte de los cruceros tradicionales, en el Puerto de Tórtola también atraca el crucero de Fantasía Disney.
Foto: Sergey Kelin / Shutterstock.com
Los 21 parques nacionales que habitan estas islas son uno de los puntos fuertes para el viajero. Peces tropicales, tortugas, manta rayas y tiburones habitan en ellos. Cam Bay, en la pequela isla de de Great Camanoe, es un parque marino desde el que observar enormes arrecifes de coral, mientras que Diamond Cay destaca por ser zona de avistamiento de aves.
Las Islas Vírgenes Británicas invitan también al deleite. La langosta fresca, el curry de cabra picante o el Johnny Cakes –una especie de pan elaborado con harina de maíz– son algunos placeres locales. El escenario para disfrutar de ellos, las cabañas pintadas con colores pastel. Y la paz sienta mejor acompañada de sabor: a caña de azúcar, en el restaurante 1748, en el Long Bay Beach Resort (Tórtola), instalado sobre una antigua azucarera; o al cóctel Painkiller, elaborado a base de ron, piña, naranja y crema de coco. Como banda sonora: guitarras, ukeleles, bajos, tambores metálicos… Son las llamadas ‘bandas de hongos’, representantes del folclore local del Caribe inglés.

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