>>>Buscando la ‘saudade’ de Río de Janeiro

Buscando la ‘saudade’ de Río de Janeiro

Copacabana, Ipanema, el Cristo Redentor y la samba… Más allá de reclamos turísticos conocidos por todos, Río de Janeiro esconde un lado romántico, artístico y taciturno. Se oculta con ritmo pausado entre tranvías, viejos barrios coloniales y edificios decadentes rodeados de vegetación.
"

Mi alma canta/ veo Río de Janeiro/ estoy muriendo de saudade…” Lo cantaba Tom Jobim en su ‘Samba do avião’, una canción de amor a su ciudad natal. Porque Río, a pesar de la alegría perenne que lo acompaña, cuenta también con un recorrido nostálgico, bohemio y con un punto melancólico. Este puede comenzar en la céntrica Rua do Lavradio, en el barrio de Lapa, antiguo refugio de poetas y artistas a principios del siglo XX. Allí, entre anticuarios, bares y casas históricas se despliega la Feira do Rio Antigo, que congrega a más 15.000 personas el primer sábado de cada mes. En sus más de 300 puestos se pueden comprar ropa, adornos, vinilos, juguetes o muebles. A su gran ambiente se suman actuaciones musicales, danza y exposiciones de fotografía.

 

Arcos de Lapa
Los Arcos de Lapa tienen una longitud de 270 metros.

El espíritu artístico continúa por el barrio de Lapa y se materializa en lugares como Fundição Progresso, una antigua fábrica de cajas fuertes reconvertida en el centro cultural independiente más grande de Río de Janeiro, y en Circo Voador, cuyos conciertos han animado el escenario musical de la ciudad desde los años ochenta. Ambos miran a los Arcos de Lapa, el mayor símbolo del Río antiguo. Este acueducto de 42 arcos dobles fue construido en el siglo XVIII por los portugueses para abastecer de agua la ciudad y es considerado un hito de la arquitectura colonial de Brasil. Hoy puede recorrerse en el ‘bondinho’, un tranvía que viaja desde el centro hasta el corazón bohemio de Río, el barrio de Santa Teresa.

 

Conocido como el Montmartre carioca, las empinadas calles de Santa Teresa han visto como sus antiguas mansiones coloniales de colores pastel se han reciclado –sin comprometer su esencia– en bares, tiendas ‘vintage’ y posadas románticas, como Casa Áurea Boutique o Castelinho 38, donde desayunar en una azotea con vistas a la Bahía de Guanabara. Para comer, merece la pena hacer una parada en Aprazível, un restaurante situado en una colina con vistas al puerto. También es uno de los mejores lugares para saborear platos típicos tradicionales como la ‘moquequinha do Rio’, un guiso de pescado acompañado de leche de coco y arroz.

 

Parque das Ruínas
El centro cultural del Parque das Ruínas cuenta con una programación gratuita de exposiciones, música y actividades para niños.

La huella artística de Santa Teresa permanece en el Museo Chácara do Cé, que exhibe en una casa de tres pisos y rodeada de vegetación obras de Matisse, Modigliani o Miró, así como de artistas brasileños como Di Cavalcanti, Iberê Camargo o Cândido Portinari. A su lado se levanta el Parque das Ruínas, cuyo palacete colonial fue testigo de las veladas que reunían a artistas, intelectuales y miembros de la alta sociedad durante la Belle Époque carioca.

 

Para llegar a otro de los rincones más bucólicos de Río hay que desplazarse hasta su pulmón verde. Declarado Patrimonio Histórico Nacional de Brasil, el Jardín Botánico, ubicado en el barrio del mismo nombre, cuenta con más de 6.000 especies de plantas distribuidas en 54 hectáreas. Se trata de un lugar de relax que invita a la lectura, al paseo y a la inspiración entre estatuas clásicas, orquídeas, nenúfares gigantes y un paseo de palmeras centenarias de más de 30 metros de altura.

El Jardín Botánico de Río también alberga el Museo del Medio Ambiente y el Espacio Tom Jobim, escenarios de conciertos, exposiciones y eventos culturales.

A una media hora andando del Jardín Botánico se encuentra el Parque Lage. Proyectado en 1840 por el paisajista inglés John Tyndale, en este instagrameable jardín de estilo romántico europeo no faltan palmeras, lagos e islas artificiales. Su edificio principal, una casa antigua del siglo XIX, alberga una escuela de artes visuales (EAV) que ofrece formación gratuita a artistas principiantes. En el patio central de la mansión y junto a la piscina, el Plage Cafe dispone de un ‘brunch’ con productos orgánicos que pueden disfrutarse al aire libre y con la vista clavada en el Cristo Redentor. Porque echar un vistazo al Río más típico también nos sigue encantando.

Artículos relacionados

El barrio multicolor

En Pelourinho no hace falta que sea Carnaval: el color, la música y el baile están hospedados en sus calles...

Cosas que nos hacen felices en Salvador de Bahía

La reina de las fiestas populares y de las batucadas improvisadas tiñe las calles de los colores del arcoíris. En...

Rock in Rio vuelve a lo grande

La Ciudad del Rock abre de nuevo sus puertas del 15 al 24 de septiembre. Más de 100 artistas, cuatro...

Río 2016 calienta motores

El evento deportivo del año aterriza en América del Sur por primera vez. La ciudad brasileña se prepara para encender...