>>>Bucea entre dos continentes

Bucea entre dos continentes

Las aguas más cristalinas del mundo provienen de un glaciar y fluyen entre dos placas tectónicas. Sus peculiaridades y su belleza convierten Silfra es un ‘must’ del buceo.
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oder estar en dos lugares a la vez, en Norteamérica y Europa al mismo tiempo. Es uno de los mayores atractivos de la grieta de Silfra, meca del buceo islandesa. Zambullirse en un laberinto de aguas tan prístinas que la visibilidad alcanza los 100 metros de distancia, es otro.
Silfra es un tramo de esa herida abierta en la corteza del planeta conocida como dorsal Mesoatlántica. Este larguísimo cañón de 15.000 kilómetros separa las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, y en su mayor parte permanece bajo tierra, salvo en las Islas Azores y en Islandia, donde emerge y se hace visible (y accesible) para el hombre.
La grieta comenzó siendo una cueva subterránea, que se ha ido “abriendo” por efecto de los terremotos.

Naturaleza cambiante

La orografía de la grieta varía con una frecuencia geológicamente frenética. Las fuerzas telúricas separan las placas tectónicas 2,5 centímetros al año, lo que provoca una tensión acumulada que se libera, cada 10 años aproximadamente, en forma de terremoto. Cada vez que esto ocurre se crean nuevas cuevas, recovecos, y pasillos.

A esta frontera geológica, que sólo se puede visitar bajo el agua, se accede por el segundo lago más grande de Islandia, el Þingvallavatn, en el Parque Nacional Þingvellir, a 60 kilómetros de Reikiavik. Este parque es el único lugar del país designado Patrimonio (cultural) de la Humanidad por la UNESCO, ya que aquí se fundó el primer Parlamento islandés, el Alþingi, en el año 930, considerado el primer parlamento del mundo. A él acudían los islandeses a discutir las leyes y también a juzgar a aquellos que las incumplieran. Los hombres condenados a muerte eran decapitados en una cascada cercana, mientras que a las mujeres condenadas por inmoralidad o brujería las ahogaban en los lagos cercanos, conocidos entonces como ‘piscinas de ahogamiento’.
Hoy los buceadores acuden a desafiar los 2°C de temperatura del agua y en los 30-45 minutos que dura la inmersión investigan los recovecos de un laberinto subacuático formado por túneles y cuevas, iluminados por los colores de la luz exterior reflejada en las rocas volcánicas. Aunque la grieta llega a alcanzar una profundidad de 63 metros, normalmente sólo se desciende hasta los 18.
El agua es tan pura que quienes bucean en ella pueden beberla durante la inmersión.
Foto: Nudiblue/Shutterstock

Bucear y cocer huevos

Los buceadores expertos pueden hacer una inmersión muy diferente en el fiordo de Eyjafjörður, al norte de la isla. Allí se encuentran las chimeneas geotérmicas de Strýtan, sumergidas en agua a unos 800. Es costumbre sumergirse con un huevo, que se cuece durante la inmersión, y comerlo al volver al barco.

La inmersión se divide en tres secciones. Los más intrépidos (se puede obviar este punto en una excursión) se lanzan de cabeza al llamado ‘inodoro’, un túnel vertical de 16 metros a través del cual el buceador es ‘expulsado’ por la corriente de agua al “Hall” de Silfra. Esta laguna de aguas mansas y de unos 200 metros de extensión es la antesala de la sección más espectacular de la grieta, la “Catedral”. Se trata de una fisura semi recta de 100 metros de longitud que se puede apreciar de principio a fin en un solo vistazo. Por último, los buceadores llegan a la “Laguna”, donde el agua es, si cabe, aún más clara que en ningún otro punto.
Cada partícula del líquido elemento que llega a este lugar ha realizado previamente un viaje de entre 30 y 100 años desde el glaciar más cercano, Langjökull. Situado unos 50 kilómetros al norte de Þingvellir, es el segundo glaciar más grande de Islandia, y alimentaba el lago con su deshielo a través de un río. Pero hace unos miles de años el volcán Skjaldbreiður entró en erupción y el río quedó sepultado. De esta forma, el hielo al derretirse continua fluyendo por el mismo lecho, ahora cubierto de rocas volcánicas muy porosas. Durante su viaje, el agua se filtra y se lava durante años. Sumado a gélida temperatura, se convierte en la más cristalina del planeta.
De mayo a agosto, con la luz bañando el paisaje islandés durante prácticamente las 24 horas del día, es posible explorar Silfra bajo el sol de medianoche. Otra experiencia única.

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