>>>Berlín: planes alternativos en la ciudad más alternativa
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Berlín: planes alternativos en la ciudad más alternativa

Bienvenidos a la meca de los ‘hipsters’ europeos. Te enseñamos el Berlín que todo moderno debe visitar al menos una vez en la vida. El postureo de después ya es cosa tuya.
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ntrar es tan difícil que existe una web para que ensayes tu actitud en la puerta. Eso sí, superar el test virtual no es garantía de nada una vez allí. Berghain es una de las discotecas más exclusivas del planeta y ser rechazado por sus porteros, una tradición de la noche berlinesa. Puedes quedarte fuera por tu forma de vestir, de hablar o incluso si perciben que no vas a dejarte la piel en la pista de baile. Por eso las camisetas con el lema “yo tampoco entré en Berghain” triunfan en la red.

La cola para entrar al club nocturno es una de las paradas de la ruta de planes alternativos en Berlín. La cara B de la capital alemana tiene varias facetas: la ‘okupa’, la ‘veggie’, la de la ropa de segunda mano, la de los clubs de techno en los que sabes cuando entras pero nunca cuando sales… Todas ellas están conectadas por un deseo ‘underground’, la necesidad de romper con lo establecido.

Muro de Berlín
Se puede recorrer el muro de Berlín en bici siguiendo la ruta de 150 kilómetros de largo desde Bernauer Straße. La versión reducida tiene 5,7 kilómetros.
Foto: Morgana Bartolomei/Unsplash

Mini-guía para ‘foodies’

La salchicha con curry, conocida como ‘currywurst’, es su plato estrella y una de las mejores la sirven en Curry 36, en Kreuzberg. Justo al lado está el puesto de kebabs de Mustafas Gemüse-Kebab, el referente del ‘street food’ berlinés por su sabor, su precio y su interminable cola.

Su historia reciente, marcada por el muro y su caída, tiene mucho que ver con esta obsesión por diferenciarse y alejarse de la normalidad. Muchos espacios abandonados, la mayoría en el Berlín Oriental, se convirtieron en galerías de arte urbano, bares o discotecas clandestinas en la década de los 90. El ejemplo más evidente es East Side Gallery, el tramo mejor conservado del muro transformado hoy en icono gracias a murales como el del beso entre Honecker y Brezhnev.

 

Algunos proyectos son efímeros, como The Haus, que convirtió las paredes de un banco de cinco pisos en lienzo para 165 artistas antes de ser demolido. Pero no todo son malas noticias. Haus Schwarzenberg resiste al paso del tiempo (y de la gentrificación) en el barrio de Mitte. Conocido como ‘Dead Chicken Alley’ en honor al colectivo de artistas que lo impulsó, sus instalaciones comprenden un café, varios museos (uno de ellos dedicado a Anna Frank) e infinidad de grafitis.

Festival de cometas en Tempelhof
El antiguo aeropuerto de Tempelhof también vive una segunda juventud, convertido hoy en la zona verde más grande de la ciudad con más de 300 hectáreas.
Foto: abbilder on VisualHunt / CC BY

En la misma línea de generar espacios de creación alternativos encontramos a RAW, en el barrio de Friedrichshain. El conjunto de edificios que en su día sirvió como taller de reparación de trenes, es hoy un hervidero de arte y subcultura que incluye clubs nocturnos, un skate park y galerías de arte como Urban Spree. Su mercado de pulgas, RAW Flohmarket, se ha convertido en una opción más genuina que el mercadillo ‘vintage’ de los domingos en Mauerpark, el punto de encuentro hipster por excelencia. Este ha perdido parte de su inocencia y cada vez atrae a más turistas y food trucks, pero no puedes decir que has estado en Berlín si no has asistido a las sesiones de karaoke que se organizan en el anfiteatro del parque.

Teufelsberg, Berlín
David Lynch quiso construir en Teufelsberg una escuela de la felicidad dedicada a la meditación transcedental.
Foto: stas_r on VisualHunt / CC BY

También en Friedrichshain está YAAM (Young African Art Market), un ‘beach club’ (sí, has leído bien) donde, además de fiestas y conciertos, hay clases de yoga y capoeira. La cara más multicultural de la ciudad se hace presente a orillas del río Spree, y se extiende hasta el nuevo barrio de moda, Kreuzberg, conocido como “el pequeño Estambul”. Destaca por su aire bohemio y sus locales tradicionales turcos, pero sobre todo por su autenticidad.

A pesar de los coqueteos con el ‘mainstream’, la promesa de un Berlín oculto continúa muy presente. Prueba de ello son los numerosos blogs de aficionados dedicados a buscar planes diferentes y rincones secretos. Uno de los menos secretos (pero más recomendables) es Teufelsberg, una colina de 120 metros con una antigua estación de inteligencia americana desde la que espiaban a los soviéticos durante la Guerra Fría. La ‘montaña del diablo’ está construida sobre los escombros de edificios destruidos en la Segunda Guerra Mundial, pero hoy es una atracción más en la ruta por el Berlín alternativo. Ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad y para disfrutarla no hace falta convencer a ningún portero.

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