>>>Barcelona: bésame mucho

Barcelona: bésame mucho

Lo de Barcelona es todo apariencia. Detrás de su pose de ciudad ‘cool’, esconde un lado tierno con cenas bajo las estrellas y ‘brunchs’ que se retrasan para pasar más tiempo acurrucados entre las sábanas.
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o es la ciudad del amor, pero sí la de los amantes, y la de los nervios de la primera cita. La de acabar bebiendo vino hasta las tantas o descubrir juntos rincones secretos del Barrio Gótico. Barcelona es perfecta para una aventura urbana, entre bares de diseño y calles llenas de historia(s).

Uno de los lugares más románticos y (ya no tan) secretos de Barcelona son los búnkers del Carmel, un improvisado mirador entre las ruinas de una batería antiaérea de la Guerra Civil española. Se encuentran en la colina del Turó de la Rovira, a 262 metros de altura, y desde 2011 está considerado espacio patrimonial de la ciudad por su importancia para la memoria colectiva. Ofrecen una de las mejores vistas de Barcelona, sobre todo al atardecer. El único inconveniente es que probablemente tendréis que compartir el momento con otras cuantas parejas que han tenido la misma idea.

Chico en los Bunkers del Carmel
Para llegar al mirador de los bunkers del Carmel en transporte público lo ideal es coger un autobús de las líneas V17 o 24.
Foto: Toa Heftiba/Unsplash

El San Valentín catalán

El 23 de abril se celebra Sant Jordi, la verdadera fiesta de los enamorados en Cataluña. Las parejas se intercambian libros por rosas y las calles se llenan de puestos de flores y libros, especialmente la Rambla.

Una alternativa más íntima es la que propone el Observatorio Fabra, con una cena bajo las estrellas en el observatorio astronómico del Tibidabo. El menú ha sido diseñado por el chef Miquel Guimerà y el postre es una conferencia de divulgación científica y una visita al interior del edificio de 1904. Otra opción es el tour nocturno de La Pedrera, con la posibilidad de cenar en su elegante café. Además de recorrer distintos espacios del edificio diseñado por Gaudí, la visita incluye un espectáculo audiovisual con proyecciones sobre la curvada superficie de su terraza y una copa de cava para terminar la velada.

 

Por el día, Barcelona también enamora, y más si empieza con un desayuno para dos en Escribà. Esta icónica pastelería abrió sus puertas en 1906, aunque ahora es el nieto del fundador el que se encarga de “convertir las ilusiones en pasteles”. No es otro que Enrique Escribà, el Willy Wonka catalán, famoso por sus anillos de caramelo y tartas de fantasía. Para los que prefieran no madrugar, Brunch & Cake ofrece un brunch tardío, que se alarga hasta las 21:00 de lunes a domingo. Son los mismos que trajeron los ‘cupcakes’ a Barcelona, así que lo ‘cuqui’ está asegurado. Aunque sin cursiladas: aquí, como en la mayoría de locales de la ciudad condal, el diseño supone el 50% del atractivo.

La Pedrera
La Pedrera (o Casa Milà) de Gaudí puede visitarse de día y de noche con una entrada combinada.
Foto: Tyler Hendy/Unsplash

El estudio de interiorismo El Equipo Creativo tiene gran parte de culpa de esta fiebre por los espacios de diseño. En 2010 firmaron el restaurante Tickets, el bar de tapas de Albert y Ferran Adrià, y su coctelería Blue Wave fue elegido “el bar más bonito del mundo”. Una de sus últimas creaciones es el espacio gastronómico Tunateca Balfegó, en la avenida Diagonal, con el atún rojo como protagonista tanto de la decoración como de los platos.

Restaurante Disfrutar
En el menú de Disfrutar no especifican los platos que incluye su propuesta de degustación: la sorpresa forma parte de la experiencia.
Foto: @Adrià Goula

Pero Barcelona no solo destaca a nivel de diseño, su gastronomía también es variada y numerosa. Desde el restaurante AbAC, con tres estrellas Michelin, a las tabernas de toda la vida, especializadas en el vermut (un vino macerado en hierbas que se toma antes de la comida con un pequeño aperitivo), hay opciones para todo tipo de citas. ¿Para la primera? Unas tapas en el Born, en la bodega La Puntual. ¿En la segunda? Una cena en el restaurante Disfrutar, para que solo penséis en eso mismo.

Para las siguientes, podéis daros un capricho a la luz de las velas en los baños termales de AIRE, situados en un antiguo almacén del centro histórico, junto al Mercado de El Born. O simplemente dar un paseo por el Laberint d’Horta o el Parc de la Ciutadella, para acabar haciéndoos un ‘book’ de selfies frente al mural de Joan Fontcuberta, en la plaza d’Isidre Nonell. La obra, de ocho metros de largo y casi cuatro de alto, muestra dos bocas a punto de fundirse en un beso y la inscripción “el mundo nace en cada beso”. Y Barcelona también.

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