>>>Bajo el sol de la Toscana croata

Bajo el sol de la Toscana croata

Paisajes salpicados de viñedos y ciudades con aire medieval. La península de Istria destila esencia mediterránea al norte del Adriático. Lo mejor de Italia también está en Croacia.
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iao! Los habitantes de Istria se saludan en italiano en lugar de con el ‘dobar dan’ croata. La costumbre. Esta península al oeste de Croacia perteneció a Italia de la Primera a la Segunda Guerra Mundial, pero su historia está marcada por su cultura. Antes que italiana, fue romana, bizantina y veneciana, además de austriaca y eslava, entre otras. Situada en un cruce de caminos entre las principales culturas europeas, atrajo a conquistadores y comerciantes por igual.

Como un oasis verde en medio del Adriático, un tercio de la península está cubierta de bosques, mientras que en las islas y la costa abundan los pinares y las encinas. Aun así, la vegetación más preciada son las viñas y los olivos, principales embajadores de su encanto mediterráneo. Estos últimos son quizá el mejor legado de los romanos. El aceite de oliva de Istria llegó a ser el favorito del Imperio y todavía hoy continúa ganando premios como los de la prestigiosa guía Flos Olei, que la consideró la segunda mejor región productora de aceite de oliva virgen extra durante seis años consecutivos. Por delante solo quedó una, la Toscana italiana.

Motovun
Motovun está construida sobre una colina, a 270 metros sobre el nivel del mar.

La ciudad más pequeña del mundo

Con menos de 20 habitantes, Hum es oficialmente la ciudad más pequeña del mundo. Está a 14 kilómetros de Buzet y destaca por su arquitectura medieval y su brandy, ‘biska’, bebida oficial de Istra, además del vino. La receta original, escrita en el alfabeto glagolítico (eslavo antiguo) fue encontrada aquí.

A pesar de estar a más de 500 kilómetros, las similitudes entre ambas regiones son palpables. Y comestibles. En la mesa nunca falta la pasta, como los ‘fusi’, y todo se adereza con aceite de oliva y romero. Pero aunque se la compare con la Toscana, no hay otra como Istria. El mix multicultural de su pasado ha moldeado sus arquitectura, su gastronomía y sus tradiciones. De las ciudades medievales de Grožnjan y Motovun a la Basílica Eufrásica de Poreč, único ejemplar de arte bizantino temprano en el Mediterráneo, pasando por las villas y palacetes de Opatija donde veraneaba la nobleza del Imperio austrohúngaro. La propia emperatriz Sissi buscaba refugio en estos elegantes edificios, hoy transformados en hoteles de lujo.

Rovinj (Rovigno en italiano) no esconde su herencia veneciana. Entre sus casitas de colores sobresale la torre de la iglesia de Santa Eufemia, de estilo barroco. Este pueblo pesquero, rodeado de mar casi por completo, es el lugar ideal para hospedarse. Desde allí se pueden hacer excursiones de un día y descubrir poco a poco la península, para acabar con una copa de vino frente al mar en alguna de sus terrazas.

Anfiteatro de Pula
El anfiteatro de Pula se construyó al mismo tiempo que el Coliseo romano.

Una de esas excursiones debe ser a Pula, cuyo anfiteatro romano es el monumento más grande del siglo I d.C. Durante los meses de verano acoge el Spectacvla Antiqva, donde reviven las luchas de gladiadores que tenían lugar en su arena, pero el resto del año ejerce de escenario de conciertos e incluso sirve de sede para el Festival de Cine de Pula, el más antiguo de Croacia. Desde aquí también se puede ir a las islas Brijuni, declaradas parque nacional por su riqueza natural, con más de 680 tipos de plantas y 250 especies de pájaros. Destino vacacional de la aristocracia desde hace más de 100 años, cuentan con cerca de cuarenta kilómetros de costa.

Islas Brijuni
Además de naturaleza exuberante, en el archipiélago de las Brijuni se pueden encontrar restos arqueológicos del Neolítico.
Foto: Istria Tourist Board

Pero en esta ‘Terra Magica’ no solo hay castillos medievales y paisajes de postal. Su mayor tesoro se encuentra en el interior de sus bosques, concretamente en el de Motovun, en el valle de Mirna. Allí, unos perros entrenados especialmente para ello, son capaces de encontrar trufas negras y blancas, por las que se llega a pagar más de 1.000 euros por kilo. Pueden degustarse en la mayoría de los restaurantes de la región, espolvoreada, por supuesto, sobre un plato de pasta.

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