>>>Azores, las islas con el corazón caliente

Azores, las islas con el corazón caliente

Nueve islas surgen en mitad del Atlántico y ofrecen un viaje al centro de la tierra. Los caminos de cráteres y las playas de lava marcan el regreso al origen volcánico de las Azores.
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eterse, literalmente, dentro de un volcán es posible en Algar do Carvao, situado en la isla Terceira, en el archipiélago de las Azores. Esta cueva, de 90 metros de profundidad se formó hace 3.200 años cuando la lava de la chimenea principal del volcán en erupción salió a la superficie. Su pequeña laguna interior se alimenta de agua de lluvia que cae por el agujero del techo y recuerda, al mirar hacia arriba, que en estas islas el suelo importa más que el cielo.

Más de 270 cavidades naturales se reparten por todo este archipiélago situado a unos 1.500 kilómetros de Lisboa. Volcanes todavía activos, paisajes escarpados, desfiladeros que conducen hasta ollas de barro hirviente y lagos de cráteres escriben el relato volcánico de las islas Azores, descubiertas por los navegantes en el siglo XV. Una memoria que tiñe de negro la arena de sus playas -bajo las cuales yacen fuentes geotermales submarinas-, las casas construidas con piedras basálticas, y las chimeneas naturales, donde se cocinan estofados de ternera.

Piscina natural en Puerto Caloura en San Miguel.
Es posible darse un chapuzón en las piscinas naturales que surgen en el océano, como la del Puerto Caloura en San Miguel.

¡Ballena a la vista!

Hasta un tercio de los cetáceos del mundo se encuentran en las aguas de las Azores, considerada el mayor santuario de ballenas del mundo. Es posible descubrir cerca de 25 especies de ballenas y delfines, residentes y migratorios. Los centros de observación por todo el archipiélago organizan avistamiento de ballenas y baño con delfines en las azules aguas del Atlántico.

Además de contar con Algar do Carvao, Terceira acoge el mayor cráter del archipiélago, la Caldeira de Guilherme Moniz -con 15 kilómetros de diámetro- y que, junto con otros pequeños cráteres, forman el centro de la isla donde el verde de los campos se mezcla con las hortensias. De ahí que se la conozca también como la isla violeta. En su capital, Angra do Heroísmo -fundada en 1534- la historia se despliega por las coloridas calles de su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad. Desde el mirador natural del monte Brasil, rodeado por cuatro kilómetros de murallas que tiene en su cima la fortaleza de San Juan Bautista, se aprecia la belleza de una de las ciudades más famosas de las Azores.

Cerca de 60 carriles marcados ofrecen recorridos de trekking con innumerables puntos de interés geológicos, biológicos e históricos. Ya sean grandes verticales o a través de cavidades, las opciones y lugares son muchos -en especial en las islas de San Miguel, Graciosa y Flores, las dos últimas reconocidas como Reserva de la Biosfera-. En San Miguel, la isla más grande y poblada del archipiélago, viven tres gigantescas lagunas -Sete Cidades, Furna y Fogo- alojadas en las respectivas calderas volcánicas de dimensiones kilométricas de los tres volcanes de la isla. La más emblemática se encuentra en el mirador de Sete Cidades y está atravesada por un circuito de 12 kilómetros con diferentes senderos que conducen hasta la orilla de la laguna doble con dos colores, azul y verde.

Montaña en la isla de Pico
Además de escalar su gran montaña, en Pico hay que saborear el exquisito vino que surge en los viñedos de la isla, declarados Patrimonio de la Humanidad.
Foto: Carl Uytterhaegen/visitazores.com

Tras las sesiones de exploración por la isla, toca un merecido descanso en el Parque Terra Nostra, en el valle de Furna. Un jardín centenario creado hace más de 200 años con especies traídas de todo el mundo -desde camelias a ginkgo bilobas- que protegen una curiosa piscina termal con aguas marrones. Un baño con propiedades relajantes gracias al hierro disuelto en las aguas que brotan de un manantial volcánico a unos 40º C. La otra opción para sumergirse es Caldeira Velha, una cascada donde el penetrante olor a azufre penetra en las aguas termales entre musgo y helechos de gigantescas hojas.

Faro en la isla de Faial
En Faial existe un centro interpretativo sobre el volcán de Capelinhos y las fuerzas tectónicas de las Azores.

Para descubrir el punto más alto de las Azores, Pico da Vara (2.351 metros) -un volcán de cono perfecto-, hay que llegar hasta la isla en la que se encuentra. Pico, situada en el grupo central, es la segunda isla más grande del archipiélago. Frente a ella, la isla de Faial conserva la memoria de la última erupción de un volcán en las Azores, en 1957, que duró casi un año y transformó dramáticamente su paisaje. Las cenizas, que se mezclan con las flores de colores y el agua azul del mar, no dejan olvidar que el ADN de las islas está impreso en sus 1.766 volcanes, de los cuales nueve están todavía activos. Después de todo, qué sería de estas ‘islas afortunadas’, y qué sería de los que viven en ellas y de los que las visitan, sin la incertidumbre y el calor que proporciona esta tierra volcánica.

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