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Foto: RacingThePlanet

Atravesar cuatro desiertos

Sáhara, Gobi, Atacama y la Antártida: cuatro desiertos, 1.000 kilómetros y 28 días para pasar del frío extremo a los 40 grados. Llegar es el premio.
Q
ué demonios me pasaría por la cabeza cuando se me ocurrió este reto?”, bromea Carlos García Prieto, el primer español en completar el ultramaratón de los cuatro desiertos (Grand Slam 4 Deserts), una de las hazañas más duras del mundo. En el Sáhara se corre; en China es marcha; Chile, travesía, y la Antártida, desierto polar.
García venció con adrenalina la inseguridad previa de recorrer 1.000 kilómetros y cuatro desiertos durante 28 días. Una experiencia solo apta para valientes, que fuerza los límites físicos. “Son carreras extremas y entornos hostiles pero la experiencia aún es más intensa gracias al fuego de campamento, a la conexión con los locales”, destaca el ‘ultrarunner’, que recuerda cuando bebió leche de camella en el Sáhara o cuando en la Antártida se le cruzó una ballena jorobada y su cría.
Alrededor del 90% del continente de la Antártida está cubierto por una capa de hielo.
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Las estrellas chilenas

Una riada se llevó el campamento de Gobi y durmieron en medio de las montañas con los locales bailando música Uigur, recuerda García. Es una de las sorpresas de un viaje como este. Ver el cielo de Atacama es otro regalo. Por eso la zona está llena de observatorios astronómicos.

Sáhara y Gobi: resistir al calor 
El primer desierto es Namibia. Partiendo del Parque Skeleton Coast Nacional, santuario de elefantes, rinocerontes y leones, se atraviesan dunas de hasta 300 metros de altura. Se serpentean montañas de arena dorada, sin más trucos que “aguantar lo que se pueda”, hasta ascender los 2.000 metros. El viaje será del 1 al 7 de mayo, cuando las temperaturas oscilan entre 35 y 0 grados.
El desierto de Gobi es un ejercicio de resistencia. Parte de la región de Hami, en la provincia de Xinjiang. Atraviesa un paisaje casi alpino, con ríos secos y tierras de cultivo, pastos, zonas rocosas y las montañas de Tian-Shan (conocidas como ‘montañas celestiales’), un asimétrico desfiladero que alcanza los 8.000 metros de altura. La carrera, del 19 al 25 de junio, subirá desde apenas 500 metros hasta 2.400, con temperaturas de 0 a 40 grados.
RacingThePlanet, organizador de la carrera, financia un programa de becas de escolarización de niñas en el desierto de Gobi.
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Entre la luna y la muerte

Valles de la luna y de la muerte son el nombre que reciben unas extrañas formaciones rocosas que están a unos dos kilómetros del Salar de San Pedro de Atacama, en Chile. Una opción es recorrerlos en bicicleta. Merece la pena hacer un pausa y acercarse hasta ellos.

Atacama y la Antártida: cruzar el hielo
Con ascensos de 1.683 metros y descensos de 2.508, el desierto de Atacama (Chile) tiene una anchura media de 160 kilómetros entre el Pacífico y los Andes. La aventura continúa del 2 al 8 de octubre por el Salar de Atacama, 3.000 kilómetros cuadrados que además de ser reserva natural de colonias de flamencos rosados, fue lugar de culto de los incas. Es zona de paso el volcán de Licancabur, cuyo cráter se congela durante el invierno. A medida que se alejan del salar, los corredores deben enjuagar el calzado, si no sus zapatillas acabarán convertidas en rocas de sal.
En el Sáhara pasaron mucha sed, explica Carlos García, que recuerda que las carreras son de autosuficiencia alimentaria.
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El capitán James Cook fue el primero en cruzar el Círculo Polar Antártico en 1773. ¿Cuántos han repetido la hazaña? La Antártida es uno de los pocos territorios vírgenes del planeta. No hay ríos ni lagos en este trayecto que se realiza del 18 al 29 de noviembre. Se recorrerán paisajes polares y océanos de hielo.
Sobrevivir a la hazaña de atravesar los cuatro desiertos es el premio, pero aunque lo parezca, el viaje no termina aquí. “El viaje –como escribió el Nobel portugués José Saramago– no termina jamás”. Dunas, desfiladeros, sal e hielo quedarán en la memoria. El objetivo ahora “es solo el inicio de otro viaje”.

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