>>>A la caza de las luces del sur
Foto: Lachlan Manley

A la caza de las luces del sur

Las luces del norte parecen un fenómeno único pero sus vecinas del sur le hacen la competencia desde Australia y Nueva Zelanda. Nos vamos en busca de la ‘aurora australis’
U
na vez lo pruebas, es bastante adictivo”. El fotógrafo australiano Lachlan Manley es adicto a la naturaleza y a las auroras boreales. Perdón, australes. Cuando hablamos de auroras, lo asociamos de forma casi automática: auroras boreales, paisajes nevados y cabañas invernales. Pero no hace falta viajar a Laponia, las Lofoten o Alaska para disfrutar del espectáculo. Al sur (muy al sur), la naturaleza también despliega su luminoso ‘show’. En Argentina, Chile, Nueva Zelanda, Australia, las Malvinas o la Antártida también se da este fenómeno.  Es  menos conocido que su pariente norteño, pero su efecto es igual de hipnótico.
Para Lachlan Manley, una vez que tienes el lugar, obtener una buena fotografía es cuestión de tener un trípode resistente y mantener el disparador pulsado entre 5 y 30 segundos.
Foto: Lachlan Manley
La mejor época para cazar auroras siempre es el invierno, que en el hemisferio sur es de marzo a septiembre. Es entonces cuando hay más horas de oscuridad, condición imprescindible para poder ver las luces danzantes en todo su esplendor. Los mejores meses suelen ser julio y agosto, aunque no siempre es así. Las luces del sur, como las del norte, son impredecibles. “Capturar la aurora con la cámara no es tan difícil. Lo complicado es estar ahí cuando llega” dice Lachlan.
 
La Iglesia del Buen Pastor, en Lake Tekapo, es uno de los lugares con mejores vistas del mundo y ocasionalmente es testigo de las auroras astrales.

Luces en la Antártida

Cuanto más al sur, mejor. Y no hay nada más al sur que la Antártida. Las auroras se originan por el choque de las partículas solares con el campo magnético terrestre, y en los polos la actividad magnética es más intensa. Desde Ushuaia, en Argentina, parten varios cruceros hacia el continente blanco.

No solo tienes que estar en el lugar adecuado (“cuanto más al sur, mejor” apunta) en el momento exacto, las condiciones también tienen que acompañar. Se requieren cielos despejados y oscuros, alejados de toda fuente de luz, incluyendo la luna. Por eso, la Aoraki Mackenzie Dark Sky Reserve, al sur Nueva Zelanda, es uno de los mejores sitios para observarlas. Se trata de la ‘reserva de cielo oscuro’ más grande del mundo, y la primera certificada por la IDA (International Dark-Sky Association) en el hemisferio sur. En ella se encuentran el Parque Nacional Aoraki/Mt. Cook y Lake Tekapo. El primero cuenta con 23 picos por encima de los 3.000 metros, entre ellos el Monte Cook (o Aoraki, en maorí), la montaña más alta de Nueva Zelanda. En el segundo, está el principal observatorio del país, el Mt. John Observatory. No son los únicos rincones que esconde la isla kiwi para los cazadores de auroras. Stewart Island es la isla neozelandesa más cercana al Polo Sur. Su nombre maorí, Rakiura, ya nos da una pista: significa “cielos brillantes”.
Las partículas del viento solar que consiguen atravesar el campo magnético terrestre reaccionan con los gases de la atmósfera emitiendo luces de colores brillantes.
Foto: Dietmar Kahles
En Australia también es posible fotografiar esos “cielos brillantes” de color rosa, verde y amarillo. Lachlan Manley ha conseguido hacerlo en Queenscliff, al sur de Melbourne y en Port Phillip Heads, también en el estado de Victoria. Pero si tuviera que recomendar un lugar, sería Tasmania. Los fotógrafos Matt Glastonbury y Dietmar Kahles son expertos en esta isla. El primero capturó las luces del sur desde el Monte Wellington y reflejadas en el Río Derwent. El segundo ha hecho lo propio desde Strahan, una pequeña ciudad costera en la costa oeste. Cradle Mountain, los alrededores de la ciudad de Hobart y la remota Melaleuca son otros de sus ‘spots’ favoritos.  La clave es buscar un lugar oscuro y mirar al sur, mejor desde lo alto de una montaña o frente a la costa, y esperar a que empiece la magia.

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