>>>60 razones (o más) para visitar Múnich
Foto: Christian Kasper

60 razones (o más) para visitar Múnich

De esculturas, de automóviles o de cerveza, la capital de Baviera tiene un museo para ti. Conoce el lado más artístico de la ciudad del Oktoberfest y destierra los prejuicios.
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ienes un euro? Es lo que te costará entrar en algunos de los museos más importantes de Múnich los domingos. En la ciudad hay más de 60 y cerca de una docena se acogen a esta promoción. Otros, como el de Paleontología, la Biblioteca Estatal de Baviera o el dedicado al antiguo castillo de Múnich son gratuitos todos los días. También el Museo de la Patata (Das Kartoffelmuseum), el único del mundo dedicado a este tubérculo desde un punto de vista artístico. La exposición incluye desde recipientes incas hasta un póster de Marilyn Monroe promocionando las patatas de Idaho.

La actriz también protagoniza ‘Round Marilyn’, uno de los trabajos de Andy Warhol que se exponen en el Museo Brandhorst. Especializado en arte contemporáneo, este espacio cuenta con la mayor colección de obras del padre del ‘pop art’ en Europa, más de 100. Su fachada multicolor es una de las últimas incorporaciones de Kunstareal, el Distrito del Arte de Múnich, un área en la que se pueden visitar 18 museos y más de 40 galerías de arte e instituciones culturales. Allí se encuentran las principales salas de exposiciones de la ciudad: la Alte Pinakothek (pintura europea del siglo XIV al XVIII), la Neue Pinakothek (arte del siglo XIX) y la Pinakothek der Moderne, que engloba cuatro museos diferentes, incluido el de arte moderno y el de diseño.

Museo Brandhorst
El Museo Brandhorst llama la atención por su diseño exterior, compuesto de más de 36.000 barras multicolores de cerámica.
Foto: digital cat  on Visualhunt / CC BY

La construcción de las dos primeras fue impulsada por Luis I de Baviera, uno de los grandes precursores de las artes en la ciudad. Y es que en Múnich el arte viene de palacio. En concreto de los duques y reyes de la dinastía Wittelsbach, que gobernaron Baviera desde el siglo XII hasta principios del siglo XX. La arquitectura y mobiliario del la Residencia (antiguo Palacio Real) dan una idea de la inclinación artística de los monarcas y, todavía hoy, a pesar de haber compartido con los muniqueses la mayoría de sus colecciones en las diversas pinacotecas, es uno de los complejos museísticos más grandes de Baviera.

 

La herencia de los Wittelsbach todavía se siente por las calles de Múnich, en la devoción que los ciudadanos y ciudadanas profesan por la cultura: librerías, tiendas de música, teatros, salas de conciertos… Y por supuesto, en sus museos. Uno de los más originales es el Museo del Diseño (Die Neue Sammlung). Fue el primero de su clase en el mundo y en él se exponen más de 100.000 objetos de diferentes disciplinas que en su momento rompieron moldes: desde muebles y zapatillas deportivas a ordenadores y coches. Aunque los amantes del motor y la velocidad tienen su sitio en el Museo BMW. Su interior es un recorrido por la historia de la marca alemana, incluyendo sus mayores hitos.

Museo del Diseño
El Museo del Diseño fue inaugurado en 1925, aunque la idea comenzó en 1907, inspirada por el Werkbund, un movimiento artístico alemán que integraba a artistas, arquitectos y empresarios.
Foto: Carlos Luján

Entre cuadros y carrocerías se cuela la historia, que ocupa un lugar de honor en el barrio de los museos de Múnich, donde, además de las pinacotecas, encontramos el Museo Estatal de Arte Egipcio y la Gliptoteca (Glyptothek). Éste último fue el primer museo público de la ciudad y el único del mundo dedicado únicamente a esculturas romanas y griegas. El pasado más reciente también tiene un hueco en el NS-Centro de Documentación de Múnich, que explora la relación de la ciudad con el Nacional Socialismo a través de una exposición permanente y un foro educativo.

Exterior del complejo BMW
El museo BMW tiene 5.000 metros cuadrados en los que se exponen los modelos más míticos de los más de cien años de historia de la marca.
Foto: Sylvester S. on VisualHunt / CC BY

Para acabar la visita cultural, un brindis en el Museo de la Cerveza y el Oktoberfest, dedicado a la bebida favorita de los muniqueses y a su festival más famoso. Se encuentra en el centro de la ciudad en un edificio medieval, restaurado según los métodos originales de construcción. Sus exposiciones son una oda a la tradición cervecera de Baviera, en las que se recuerdan desde la ley de la pureza hasta los orígenes del Oktoberfest –la boda de Luis I de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia–, para terminar, por supuesto, con una degustación de las seis cervezas locales.

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