>>>5 experiencias ‘religiosas’ y alguna terrenal en Wakayama

5 experiencias ‘religiosas’ y alguna terrenal en Wakayama

El corazón espiritual de Japón se esconde entre montañas y bosques, en algún lugar de Wakayama. Los templos y santuarios ayudan, pero es la naturaleza la que marca el camino (divino).
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ormir en territorio sagrado, purificar el alma con las aguas del río Oto-gawa o seguir los pasos de los peregrinos de la época Heian en busca del cielo en la tierra. Existen muchas formas de conectar con la cultura ancestral de Japón y la mayoría están en la prefectura de Wakayama. Los monjes y las fuentes termales contribuyen a mantener vivas las tradiciones y acercan al visitante a un pasado sin Instagram, pero con la misma pasión por la experiencia. Estas son algunas de las más auténticas.

Kumano Kodo
Foto: ©Tanabe City Kumano Tourism Bureau/©JNTO
1. Viajar al pasado por el Camino de Santiago de los samuráis

Los primeros en aventurarse por los caminos empedrados del Kumano Kodo fueron los miembros de la corte imperial en la época del periodo Heian (794-1185). Más tarde les siguieron aristócratas, monjes, samuráis y el resto del mundo. Todos buscaban la iluminación espiritual de “la tierra sagrada donde habitan los dioses” y lo hacían a través de siete rutas que se perdían entre las montañas Kii. Casi todas pasan por los tres santuarios sagrados, conocidos en conjunto como Kumano Sanzan (Hongu, Hayatama y Nachi), aunque a lo largo del Kumano Kodo se pueden encontrar más de 3000 templos. Los peregrinos se dejan guiar por los ‘kamis’ o espíritus de la naturaleza para descubrirlos.

Kamikura
2. Descubrir las huellas de los dioses en Kamikura-jinja

La roca Gotobiki eclipsa la belleza del santuario Kamikura y hasta las vistas que desde allí se obtienen, con el Pacífico y la ciudad de Shingu a sus pies. Según cuentan los locales, los dioses de Kumano entraron en el mundo terrenal a través de esta enorme roca, a la que hoy se considera sagrada y por eso se construyó allí el santuario. Kamikura es el santuario original del Kumano Hayatama Taisha, de menor tamaño, pero igualmente venerado. Para llegar hasta él (y hasta la roca Gotobiki) hay que subir a pie por los 538 escalones de piedra del monte Gongenyama, el mismo camino que recorren con antorchas cada 6 de febrero los 2000 hombres que participan en el festival de fuego Oto Matsuri.

Nachi Falls
3. Sentir la fuerza mística de la cascada Nachi

La cascada más alta de Japón (133 metros) se sitúa junto a otro de los santuarios sagrados de Kumano Kodo, el Kumano Nachi Taisha. Este es la estructura más antigua de Kumano y tiene su origen en el antiguo culto a la naturaleza de Nachi-no-Otaki (la cascada). Desde el templo se escucha la caída del agua, una tonelada por segundo. Un bosque ancestral rodea a ambos creando un ambiente único, ideal para el entrenamiento de los monjes de la montaña, que acuden aquí desde tiempos inmemoriales para practicar el Shugendo. Esta tradición ascética, propia del Japón pre-feudal, busca el contacto con los elementos naturales. Junto a las cascadas Nachi, es más fácil sentirlo.

Onsen Wakayama
4. Purificar el alma (y los músculos) en un ‘onsen’

El baño en Japón es prácticamente un acto sagrado. En el budismo, depura los siete males y concede otras tantas bendiciones, mientras que para el sintoísmo es un ritual de purificación. Los ‘onsen’ son los balnearios japoneses, la forma más fácil de acceder a esta renovación espiritual. En la prefectura de Wakayama es posible encontrar para todos los gustos. Los de Yunomine son uno de los complejos más antiguos del país. Con más de 1800 años de antigüedad, atendían a los peregrinos del Kumano Kodo, entre ellos a un samurái enfermo que consiguió curarse tras un baño en Tsuboyu, una pequeña cabina privada a la que todavía se puede acceder.

Shukubu
Foto: ©Wakayama Prefecture/©JNTO
5. Aprender de los monjes en un shukubo

El monte Koya es considerado territorio sagrado, en parte gracias al templo Kongobu-ji de su cima. Fue fundado en el año 816 por el monje Kukai y es el centro principal del budismo Singon, una rama esotérica del budismo japonés. Junto a él, florecieron otros templos y monasterios, algunos de los cuáles ofrecen alojamiento a los visitantes que quieran vivir una experiencia mística. Esta incluye levantarse temprano para participar en sus rezos matutinos, adoptar una dieta vegetariana (‘shojin-ryori’, traducido como “cocina de devoción”) o aprender a meditar con el método ‘ajikan’, para unirse al universo, o con el ‘shakyo’, a través de la caligrafía. En la zona de Koyasan hay más de 50 ‘shukubos’, como Eokin o Kumagaiji. Ambos ofrecen conexión wifi en sus habitaciones con suelo de tatami. Pero preferirás conectarte al universo.

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